La autosuficiencia se refiere a poder abastecerse a uno mismo de lo que necesita. Hasta aquí la definición podría interpretarse como condición necesaria para vivir. Sin embargo, muchos interpretamos que esto se une a tener que “hacerlo solos” ya que somos “suficientemente” fuertes, inteligentes, diestros, creativos, … para poder hacerlo. Así vamos transformando una condición benéfica en un posible trastorno. Investigando, encontré que existe un trastorno paranoide que deriva del extremo en que la persona se excluye de la sociedad en su búsqueda de ser autosuficiente.

 

Creo que muchos estamos en el medio, entre la autosuficiencia “sana” en donde nos damos con amor todo lo que requerimos y la autosuficiencia “enferma” donde nos aislamos no pidiendo ayuda de nadie por miedo a dejar de ser autosuficientes. Una paradoja existencial nada menos.

Muchos hemos realizado esfuerzos para demostrarnos que podíamos realizar cosas que en verdad no podíamos, o no queríamos, o que competían con un valor más prioritario en nuestra vida. Pienso enseguida en la madre puérpera que le lava la ropa a mano a su bebé, se encarga de todo en la casa, incluso de plancharle las camisas a su pareja, cocina, lava, plancha, compra y tal vez a eso de las 2 am antes de dormirse y luego de amamantar a su bebé puede bañarse porque es el único rato libre que le quedó en el día. Esta madre “puede” hacer todo por supuesto, ¿pero es necesario? Y más importante aún: ¿es amoroso para con ella y su bebé que dedique tanta energía a hacerlo todo sola? ¿No sería una madre más disponible en tiempo y en calidad emocional si decidiera pedir ayuda con alguna tarea? Y aquí empiezan a aparecer los miedos.

El miedo mayor, que nos lleva al extremo “enfermo” de la autosuficiencia, es a perder la identidad construida en base a una idea sobre el sí mismo que le permitió creerse aceptado por quienes la rodeaban al crecer. Puede que también la persona esté siguiendo el modelo de su madre, padre o incluso abuelos, idolatrando a veces el “esfuerzo” que sus antepasados hicieron. Este último ejemplo es muy común y lo encuentro asociado a ciertos dogmas o culturas religiosas. Habla de valorar lo que tenemos en comparación con quienes no tienen o no pueden. Hasta ahí está perfecto. El tema es si porque hay gente que se muere de hambre yo decido no comer para ser empática o agradecida con la vida. Terminaré muriéndome probablemente y eso no termina respetando mi vida ni la de los demás. Este miedo del que cree que si no se autoabastece “todo” puede perder su identidad y por ende dejar de ser amado y aceptado por otros pero peor aún por él mismo, puede terminar en el clásico “hacerse el mártir”, buscando situaciones extremas donde requieren un esfuerzo desmedido que lo dejen ultrajado tanto física como emocional, mental y espiritualmente. El monumento no lo hará nadie, ni nosotros mismos, y encima terminaremos siendo poco amorosos con nuestra propia vida lo cual deja poco y nada para dar a otros a quienes amamos.

El ser humano nació y vive en vínculos y de ahí que todos formemos parte de una gran familia. Y ¿para qué existen estos vínculos si no es para amarnos unos a otros? Ese amor puede ser en forma de compañía, ayuda, o simplemente presencia. Es una gran bendición y para mí la mejor forma de agradecerla es hacer uso de la misma, actuando desde el amor tanto para dar como para recibir. Dar sin medida a quienes amamos y pedir y dejarnos recibir sin medida de quienes nos aman. Eso sí, mientras que dar sea desde la incondicionalidad porque sino no será con amor sino con apego. Si yo doy esperando que en algún momento el otro me retribuya estoy apegado a algo futuro, a una devolución de mi dar y eso más que amor se parece más a una transacción comercial. Es cierto que el que da recibe, pero no está apegado a recibir sino que lo hace porque es una ley del universo: causa y efecto. Además el que da con amor no da para recibir a cambio sino porque le brota del amor de su corazón. Así también el que recibe con amor lo hace de la misma forma, con agradecimiento y sabiéndose amado a través de lo que recibió y sin necesidad de retribución alguna. Cuando estamos llenos de amor sentimos que desbordamos y no tenemos más opción y elección que dar. Cuando estamos calculando cuanto damos o no, tal vez haga falta preguntarnos qué nos está faltando a nosotros que no podemos dar porque nos vaciamos.

Los invito a reflexionar sobre y preguntarse:

¿Cuán fácil o difícil me resulta reconocer cuando necesito y pedir ayuda  a otros?

¿Qué tan frecuentemente acepto la ayuda de otros cuando me la ofrecen?

¿Qué es lo que creo de mí cuando recibo ayuda? Y ¿cuándo la doy? ¿cómo afecta el dar y recibir mi valoración personal?

¿Cómo me siento cuando do mas de la cuenta, de lo que puedo o quiero?

¿Qué necesito para llenarme internamente hasta rebosar de amor para ofrecer?

La capacidad para amar se aprender amando, y no podemos amar a otro sin amarnos a nosotros mismos. Por ende, llenemos nuestros corazones de amor, cuidado, escucha, contención y todo lo que necesitemos, para que nuestro vaso desborde y podar dar en libertad y sin condiciones.

Con amor y gratitud,

Denise Dziwak

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  1. ANGELA

    la verdad, me llego en un momento de mi vida, donde necesitaba escuchar esto, GRACIAS.

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    • Alejandro Juroczko

      Angela buen dia, ¡¡que alegría que haya sido de aporte este tema!!
      Espero que tus cosas estén bien, y te esperamos de vuelta por el sitio a seguir tomando de lo que hay aca.
      Fuerte abrazo.

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  2. Dayron

    gran ayuda este articulo muchas gracias por compartirlo con nosotros

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  3. Edson

    Esto dice muchas cosas ciertas en mi me ayuda a reflexionar!! Muchas gracias

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    • Denise Dziwak

      Edson, me alegra mucho que así sea. Hay algo en particular que hayas decidido TRANSFORMAR para que tu vida sea mejor? La clave, como coach, sostengo que esta en tomar una ACCIÓN que canalice esa REFLEXIÓN que mencionas. Cuéntame y te leo!

      SI llegaras a necesitar una sesión de coaching para trabajarlo mas a profundidad me puedes contactar por email denise@denisedziwak.com.

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      GRacias,
      Denise

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  4. Edson

    Este relato dice muchas cosas ciertas que pasa en mi vida diaria me sirvió de mucho

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