Con dos hijas y otro en camino varias veces me planteé el cuestionamiento de estar sin ellos. Ya sea por unas horas para ir al cine o a cenar, salir a trabajar fuera de casa, o incluso irme de viaje. La conclusión como creo que todo cuestionamiento tiene es ¿para qué hago lo que hago? y con esto, conecto con el propósito y sentido profundo que tiene cada decisión en mi vida. Estar con o sin los hijos no es la cuestión principal, sino que primero aparecen temas como elegir qué es importante para mí en mi vida y como voy a llevar eso a cabo de manera amorosa. Si para mí es importante, por ejemplo, trabajar ofreciendo lo que tengo para dar al mundo fuera el ámbito de la maternidad, entonces me lo planteo como una prioridad. Es una prioridad en tanto que si no lo hago, no estoy siendo fiel a quién soy en esencia, y por ende terminaría denigrando parte de quien soy (= «auto-abandono»). A veces creía que justificaba auto abandonarme en pos de estar «más tiempo» con mis hijas. Sin embargo, aprendí con la experiencia mía y de otras madres, que si yo me abandono, no estoy dándoles amor incondicional, porque ese amor viene con la condición de la pérdida que yo estoy pasando y ya no es la misma calidad. Muchas madres, en especial, aunque hay algunos padres que les pasa esto también, crecimos con mandatos de todo tipo y contradictorios tales como: tus hijos son tu prioridad y si te quedas en casa sin trabajar no sos más que una esclava. Esta dicotomía que viene del cambio social que se dió entre el tiempo de nuestras abuelas y nuestras madres, junto al surgimiento del feminismo, muchas veces nos deja en el medio de la nada, sin poder elegir en libertad. No somos libres de elegir en la medida que ninguna de las opciones es completamente satisfactoria o amorosa con nosotros y nuestros hijos. Si elijo quedarme a «desaparecer» en mi casa no estoy eligiendo con amor hacia mi. Salvando la opción de quedarme porque creo que esa es mi misión en el mundo y no hay nada más que estaría haciendo. Si elijo salir a trabajar escapando de esa amenaza a desaparecer tampoco soy libre porque la amenaza sigue allí, lista para darme miedo cuando menos lo espero. El miedo no puede estar presente en la decisión libre, sino no es libre ni con amor.
Decidir en libertad implica soltar (DEJAR IR!) mandatos y creencias, siendo fiel a quienes somos, a nuestro llamado interno, conociendo cuáles son nuestros dones y cómo los vamos a compartir con el mundo. Puede ser que esto sea a través de ser madre de nuestros hijos «y» de alguna otra actividad laboral, remunerada o no, pero siempre fiel a nuestro propósito.
Si no tenemos propósito morimos por dentro, nos desintegramos, juntamos resentimiento que ni siquiera podemos comprender, solo brota como enojo aquí y allá con diferentes temas. Estemos atentas a cuando nos enojamos, puede ser que nos hayamos apartado de quienes somos y de lo que vinimos a darle al mundo que nos rodea.
Hoy en vez de vivir en dicotomías podemos elegir vivir integrando roles, temas, aportes, y por ende elegir más de una actividad para realizar. Claro que habrá costos asociados (trabajo, esfuerzo, dinero, tiempo, recursos…), pero en la medida que estén alineados con nuestro sentido de vida no será “costoso». ¿Vieron como cuando hacen algo que les apasiona no sienten cansancio, tienen energía inagotable y después de terminar terminan con una sensación de plenitud que quieren compartir con el mundo? Esa es la experiencia con sentido, todo lo demás está desfasado.
Los invito a transitar una vida con sentido que no escuche las voces externas, sino la del corazón. Y esto no es sólo para madres, sino veamos cuántos padres dejan de hacer una actividad para ellos mismos con sentido para su vida (deporte, salir con amigos, ver un partido de fútbol,…) porque creen que si no no estarían siendo buenos padres. Con esto, siguen agotando sus recursos internos y se van perdiendo quienes son en realidad. Yo lo resumo como que se les apago (dejaron que se apagara) su fuego interior.
Nuestros hijos no solo apreciaran tener una madre o padre disponibles cuando así lo desean y decidan (no es lo mismo la calidad de interacción con alguien cuando queremos estar en otro lado/actividad) sino que nos tomaran de ejemplo. Ellos copiarán modelos, amorosos o no, y si les podemos proveer un modelo de amor hace la vida, agradecidos por quienes somos y dando ese ser que somos al mundo, ellos también lo harán. Así construimos una humanidad consciente, amorosa y conectada con la vida.
Si algo nos impide transitar nuestra paternidad con sentido, hagamos-nos cargo de ello, no sigamos en “automático”.. Podemos escribirlo. hablarlo, consultarlo, pedir ayuda a amigos, terapeutas, coaches. Hay muchos recursos para transformar nuestras vidas en pos de nuestro bienestar, el de nuestros hijos y por ende de toda la humanidad. Solo requiere voluntad y amor.
¿Qué estamos esperando?

Con amor y gratitud,

Denise Dziwak

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