Hoy reflexionaba sobre cómo encaramos la paternidad y me di cuenta de algo básico y a la vez trascendental: ¿somos conscientes que elegimos ser padres? Me dirán que muchos no eligieron, sino que simplemente “pasó”. Yo no creo en las casualidades sino en la sincronicidad como llamaba C. Jung a eventos que pasaban en forma simultanea de manera acasual. Tal vez no seamos conscientes de ello, pero seguro que en algún momento, alguien pensó, sintió, soñó o tuvo miedo que seria padre y luego “sincrónicamente” sucedió. Esos dos eventos: pensar, soñar, temer y el convertirse en padres suceden por algo, para algo y están íntimamente relacionados. Si podemos aceptar esto y decir: Yo elegí o mejor aún, Yo elijo ser padre, la forma de encarar la paternidad es otra.

¿Qué cambia con decir que YO ELIJO SER PADRE? Mucho, todo, el mundo y cómo me relaciono con él. En primer lugar soy consciente (me doy cuenta) de mi elección, y la asumo libremente (nadie me obliga) y estoy me permite hacerme cargo, ser responsable de mi elección y sus consecuencias. No puedo dejar de referenciar esta mirada a Victor Frankl quien plantea que existe un trígono entre responsabilidad, libertad y consciencia, lo cual da sentido, propósito, norte a mi vida y me permite trascender a través de vivirla de esta manera.

La trascendencia es preguntarme: ¿qué voy a dejar en el mundo con mi vivir? ¿qué contribución voy a hacer a la vida desde el lugar que ocupo? Devenir padres eligiéndolo es un gran camino de trascendencia, pero nos preguntamos ¿Para qué quiero ser padre? Ahí el quid de la cuestión.

Supongamos que creo que no lo elegí, igualmente hoy puedo asumir que soy padre y elijo HOY serlo a consciencia. La aceptación de lo que es me lleva al siguiente paso, el propósito: ¿Para qué soy padre? ¿Qué es importante para mñi de ser padre? ¿Cómo ser padres cambiara mi vida, y esto cambiara el mundo, lo mejorará de alguna manera?

Es una gran oportunidad para darle sentido a nuestra existencia y buscar el o los valores que hay detrás de ser padres. Cada acción o conducta que emprendemos como seres humanos conlleva un valor detrás, algo que quiero vivir a través de esa acción. ¿Somos conscientes de cuáles son nuestros valores? No los que nos inculcaron, sino los que elegimos y día a día vivimos en nuestras acciones. Si no lo somos podemos preguntárnoslo, y en la respuesta de para qué queremos ser padres estará el valor que quiero vivir. En mi caso es el aprendizaje o crecimiento constante y el amor. No quiere decir que toda mi maternidad sea coherente con esto, sino que es mi norte y que cada vez que me aparto de acciones que promuevan el aprendizaje o el amor siento discordia dentro mío, angustia, desolación. Es una especie de abandono de mi misión. Y cuando siento eso es hora de hacerme cargo y corregir el rumbo, con dulzura, compasión y amor.

Los invito a revisar cuáles son sus valores ante la paternidad (o la vida misma!) y cuan coherentes están siendo con sus valores. Si algo no conlleva paz y armonía interior es una excelente oportunidad de cambio y re-elección.

“Seamos el cambio que queremos ver” decía Ghandi. Hagámonos cargo de nuestra elección con la libertad que conlleva y la consciencia que nos permitirá dar al mundo lo mejor de nosotros, nuestros valores más profundos.

Que el amor los guíe en su proceso de crecimiento siempre.

Con amor y gratitud,
Denise

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  1. Alberto Dziwak

    Jung, no hizo otra cosa que respetar la ley de la sincronicidad de la naturaleza, y que ocurre querramos o no querramos nosotros, coincido, que ser padre es una elección, no solo desde el momento preconcepción, sino después de nacido el hijo, cuando se convierte esa decisión en una declaración y un com promiso a llevarlo a cabo, y al decir de Frankl, el hombre es responsable de lo que hace, delo que sufre y de lo que ama, desde sus valores personales que lo proyectan desde mi opinión en el sentido consciente de su vivir.

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