Todo enojo tapa un dolor. Conectar con ese dolor y sostenernos compasivamente con amor y presencia es la clave para mantenernos conectados y amorosos con nosotros mismos. Esto permitirá sanar ese dolor en el tiempo.

 

Con nuestros hijos es igual, preguntémonos ¿cuál es el dolor que tapa ese enojo? Propongámonos ser compasivos pudiendo acompañarlos con presencia y amor diciendo: “Aquí estoy Chiquita, no me voy. Siento tu enojo y tu dolor y estoy acá para amarte y acompañarte a través de esto.” Pueden patalear, gritar, echarnos, pero la clave es mantenernos en esa actitud de amor compasivo comprendiendo que lo que derivó en enojo es dolor y el dolor solo puede ser atravesado con amor y como padres somos responsables de modelar este comportamiento para ellos….

 

Con amor y gratitud a una gran maestra Margaret Paul por este gran aprendizaje de hoy,
Denise

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