El enojo es una emoción fuerte que recorre nuestro organismo, y que de algún modo nos estimula hacia una acción. Esta acción puede ser del tipo agresiva. Tambien es una reacción fisiológica y psicológica a la amenaza, sufrimientos, dolor y también peligro. La madre principal del enojo es la frustración, que nace de los deseos y necesidades sociales que tienen las personas, y que no son satisfechas.

Esa emoción que nos recorre, tiene distintas intensidades, dependiendo del “enojo” que tenemos en ese momento. Esto en sí mismo, no es negativo, en todo caso es una reacción organísmica y psicológica. La cuestión es cómo hacer frente a nuestro enojo, y enfrentarlo. Y si bien en muchos casos, el enojo puede hacernos fuertes ante la situación y nos motiva a solucionarlos, otras veces, puede volvernos irracionales, y hacer o decir cosas que jamás tuvimos la intención de expresar.

En esto, como en muchas otras cosas, cada persona es única en su forma de enfrentarlo.

 

Empezando por mi

Mi intención es hacer foco en las personas que no pueden hacerlo, que no pueden enfrentarlo.
Cuando esto nos sucede, internamente se nos ponen en juego muchas cosas. Como bien dije arriba, la “madre” principal es la frustración. Nuestro enojo es contra una persona, contra una situación, pero los que estamos frustrados somos nosotros Es decir, habitualmente la situación tiende a que “nos la agarremos” con el otro, pero la cuestión empieza por nosotros.

Quizás sea bueno, en el momento de sentir enojo, preguntarnos ¿Qué es lo que nos frustra en esta situación?. ¿Qué es lo que necesitamos ahora, y no estamos teniendo o recibiendo?

Ese sería un final positivo, productivo para la historia.

Supongamos por ejemplo que algo nos sucede en un momento determinado: en una charla con una persona. Quizás queremos que nos escuchen y no lo hacen. Quizás queremos hablar y no nos dejan. O bien, quizás nos dicen algo que “nos hace enojar”.
O… por otro lado, esto es algo que se viene dando, con nuestro grupo de trabajo, con nuestra familia, con nuestro vecino.

Cualquiera sea la situación que nos produce enojo, es decir que esa emoción nos recorre, si no hacemos algo con eso, ésta nos seguirá recorriendo, seguirá dentro nuestro buscando una salida, una forma de expresión. Y cuando hablo de expresión me refiero a: decir lo que me sucede, pedir lo que necesito, hacer algo….

 

La bola de nieve

Imagino que no para todos es sencillo “expresar” lo que sucede adentro. Muchas cosas se ponen en juego aquí. Pero como estas cosas son mas grandes, mas fuertes aun que el mismo enojo del momento, decidimos no decirlo. Entonces esto también se suma a esa emoción que me recorre, y que hace de todo esto una emoción cada vez mas grande y difícil de controlar.

Como esto nos sucede por dentro, suponemos que el otro que está delante nuestro, no lo va a notar, asique ni se lo hacemos saber. Desafortunadamente, por mas que no lo haga saber con palabras, esta emoción, este enojo, está presente en nosotros, y de alguna manera, busca su salida expresiva de algún modo, por algún medio.

Quizás en ese momento no le digamos nada a la otra persona. Quizás no lo hagamos durante un tiempo. O no lo hagamos jamás. Tal vez pensemos que, después de un tiempo, ese enojo ya se fue, ya no está.

 

Aunque no lo veamos, el enojo ahí está

Desafortunadamente ese “enojo” estará presente, aunque la otra persona no lo vea, o aunque no querramos, estará presente, ya sea con la misma cara del enojo, o disfrazado.
Sin entrar en detalles, al estar ese enojo ahí, tiene dos primeras consecuencias:
La consecuencia para con uno mismo, en donde el enojo puede afectarnos físicamente y mentalmente, ya que cuando nos enojamos, el organismo se prepara, haciendo algunos ajustes, pero Usted no lo demuestra.

La consecuencia para con la otra persona. El enojo estará ahí en medio nosotros y ese otro, haciendo su trabajo. Imagínemos que nos ponemos anteojos cuyos vidrios son de un color, de cualquier color. ¿Podría ver las cosas del color que verdaderamente son? No verdad… no resulta posible porque la lente no lo permite.

Pues bien, mientras haya enojo entre el otro y nosotros, las cosas no serán como realmente deben ser. Todo lo que digamos, o hagamos, estará distorsionado por la energía del enojo que está circulando.

 

¿Para qué callar?

Es entonces que es recomendable expresar lo que nos pasa, quizás, diciendo lo que nos pasa, quizás nombrando lo que necesitamos. La idea es que esa emoción que nos recorre cuando nos enojamos, no se convierta en una gran bola de nieve que nos a mayores, ya sea con el otro, o con nuestra salud.

Invito entonces a reflexionar sobre esta cuestión…
Cuándo una situación nos molesta…. ¿Qué hacemos con lo que sentimos al respecto?
Cuando alguien nos falta el respeto…. ¿Le expresamos lo que me sucede? ¿Le pedimos que no lo haga?
Y… mirándolo al revés… cuando nosotros somos quienes hacemos enojar a otra persona, y nos damos cuenta… ¿Cómo nos sentimos?…¿Que hacemos con ese sentimiento?

 

Me detengo aquí con la intención de dejarlos con estas preguntas, para reflexionar y revisarse.
Seguramente hay mucho trabajo que hacer con este tema.

 

Si sentís necesidad de trabajar tus temas de enojo, te proponemos encontrar entre nuestras SESIONES INDIVIDUALES, la que mejor se ajuste a tu persona.

 

Un articulo de nuestro sitio que también puede ayudarte a revisar el tema de tus enojos es LIMITES

 

Hasta la próxima.

 

Alejandro Juroczko

Alejandro Juroczko trabaja como Facilitador de Cambio y Crecimiento, a través de las herramientas del Counseling, el Focusing, la Gestalt y el touch for healh. Para ver su perfil y pedir una sesion hágalo AQUI

Si quieres trabajar temas personales para habilitarte a vivir con mayor plenitud y conciencia no dudes en pedirnos una sesión individual  para que te acompañemos.

Compartir

Tu comentario nos interesa...

Tu aporte a través de consultas y sugerencias nos enriquece y es valorado también por el resto de los lectores. ¡Muchas gracias!

Deja tu comentario