Una vez escuché definir a la culpa como un sentimiento de enojo con uno mismo. Desde entonces que me di cuenta que no hay sentimiento más devastador que este. Es devastador en cuanto a que nos deja sin nada, no nos respeta, no nos tolera, y nos deja siempre en “off side”. La culpa expone que “somos nuestro peor enemigo”, y  agrego, para sanarla: “nuestro mejor amigo”.

Somos prisioneros de la culpa hasta que nos auto liberamos con la llave mágica: el perdón.

Antes de perdonarnos tenemos la oportunidad de ahondar en qué es lo que nos genera la culpa, de qué maneras estamos enojados con nosotros, qué es lo que no aceptamos en nosotros que nos impulsa a rechazarnos, juzgarnos y castigarnos sintiendo culpa. La culpa no se termina sintiéndola solamente, sino que nos impulsa a acciones que nos dejan sin resto emocional, porque abusan de quienes somos, de lo que queremos y podemos dar. Tendemos a realizar acciones compensatorias para no “pagar” el precio de la culpa, que siendo muy sinceros, al terminar de realizarlas no disminuye ni un poquito el sentimiento y encima nos genera tristeza por el abandono de nosotros mismos en ese proceso. Es un círculo vicioso de nunca acabar: me enojo conmigo, siento culpa, compenso y me abandono, entristeciéndome, lo cual no soporto así que me vuelvo a enojar en un círculo sin fin. La culpa sigue ahí intacta aunque el enojo crece y la tristeza también.

La clave está en re-evaluar qué es lo que me generó culpa o mejor dicho para qué quise, elegí (aunque no sea consciente), sentir culpa la primera vez. En este circuito de enfermedad emocional, una creencia común es: “sentir culpa me hace más aceptable, dado que estoy castigándome por algo que hice mal”. Osea que ante cada error, cada vez que juzgamos que hacemos algo mal, según esta creencia, debiéramos sentir culpa y por supuesto castigarnos con lo que deviene de este sentimiento para compensar el mal realizado.

Este mecanismo culpa-castigo puede ser disfrazado de “consciencia”, es más lo he escuchado así en ámbitos religiosos, pero para mí no es más que una gran falta de amor. ¿Qué pasó con aceptarnos y valorarnos por quienes somos y no juzgarnos por lo que hacemos? No quiere decir que estemos avalando la conducta que no fue “buena” (entiendo por buena amorosa conmigo o con otro). Quiere decir que estoy dispuesto a creer que tuve válidas y buenas razones para hacer el “mal” acto y que quiero aprender de eso aceptándome como valioso, perdonándome antes que nada y luego buscando enmendar mi error para conmigo mismo y los demás según lo que haya aprendido.

Si un día me enojé con mi esposo y le grite diciéndole alguna palabra hiriente, puedo sentir culpa y enojarme conmigo castigándome por lo mal que hice. Además puedo seguir enojándome con el por “causarme” este sentimiento de culpa (¿nunca les pasó que se enojan con quien se sienten culpables?). O, de una manera más amorosa, puedo aceptar que hice algo que no fue bueno con él, perdonarme por ello, comprendiendo qué fue lo que me detonó. Eso que me detonó tiene importantísima información para darme porque explica que algo hubo antes del enojo, lo cual puedo aprender a manejar mejor en mí. Tal vez me enojé porque estuve cediendo en mis límites durante un rato hasta que exploté, pero en vez de agarrármelas conmigo por no poner límites, me la agarré con él. Si es así puedo decidir poner límites a tiempo la próoxima vez y evitar el “desborde” de furia. Luego, una vez que me comprendí, me perdoné y aprendí qué me pasó a mi conmigo misma puedo resarcir el maltrato. Puedo pedir perdón y ofrecer enmendar si es posible el error cometido. A veces podemos enmendarlo (si rompimos algo físico podemos arreglarlo o reponerlo) y a veces no. Esto no es condición para que el perdón sea efectivo, creo que la intención de enmendar es lo que cuenta, y la mejor forma es capitalizando con lo que aprendí para que no vuelva a suceder, o al menos suceda cada vez menos hasta que ya no suceda más (seamos realistas y pacientes con nuestro aprendizaje).

La culpa se cura aprendiendo a perdonarnos entendiendo que lo que hacemos tiene una intención positiva de protegernos de algo. Una vez que descubramos de qué nos protegemos tal vez podamos optar nuevas formas de hacernos cargo de eso sin herir a otros ni a nosotros mismos.

Los invito a revisar nuestro sentimiento de culpa y aprender que hay debajo de ellos para seguir creciendo en nuestra capacidad de amar.

Con amor y gratitud,

Denise Dziwak

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