Desde que aprendemos a hablar incorporamos a nuestras vidas la noción de lo que está “bien” y lo que está “mal”. Crecemos sumando ideas y conceptos sobre lo ideal en toda situación, ya sea por estar en contacto con modelos como el de nuestros padres, familiares, o incluso los medios de información y entretenimiento. El entorno nos propone y nosotros elegimos lo que queremos para nuestras vidas.

Esto puede funcionar como un mapa que nos orienta por donde ir. Sin embargo al caminar nos damos cuenta que no nos genera bienestar, nos sentimos atrapados muchas veces en querer lograr ser, hacer o tener cosas que no tienen que ver con nuestra identidad, alejándonos de quienes somos en esencia. Como dijo Korzybsky (Science and Sanity, 1933): “El mapa no es el territorio”. El mapa esta dibujado por alguien distinto a nosotros y que no está en este momento viviendo nuestra misma experiencia, por ende sólo ve a través de sus ojos, de SU experiencia subjetiva. El mapa puede obviar caminos alternativos y descartar otros que se dieron por cerrados y hoy pueden reabrirse. La metáfora de la vida como mapa me parece clave para darnos cuenta que lo que prima en nuestra vida para decidir quienes queremos ser y cómo queremos vivir es NUESTRA EXPERIENCIA.

No hay voz más importante que la del corazón, y escucharla es una ELECCIÓN que podemos hacer.

En términos de familia, tanto como pareja como con nuestros hijos, muchas veces queremos vivir la vida de las familias de las fotos de las revistas, o de la películas (las lindas que terminan bien por supuesto). Esto genera mucha frustración cuando nos sucede, cuando nos ponemos ideales como personas que no somos.

En mi caso hasta hace poco me surgía una culpa atroz cada vez que expresaba mi enojo sin medida y muchas veces perjudicaba a otros, en especial mis hijos. Hoy, aunque la mayoría de las veces reconozco el enojo cuando está apareciendo en mi cuerpo y puedo administrarlo de manera que no dañe a nadie, cuando no logro ponerme ese auto-freno y “descarrilo” ya no siento culpa. Para mí es un GRAN avance, porque quiere decir que ME ACEPTO. Que acepto que camino por esta tierra en pos de aprender a amar, y eso implica amar mis partes más oscuras. Claro que me hago cargo y reparo el daño causado. Este fue un gran aprendizaje que tuve, antes sostenía la falsa creencia: “la culpa me ayuda a re-encarrilarme por el camino del amor”. Hoy creo que ninguna actitud poco amorosa puede hacerme más amorosa, es incoherente. Sólo el amor, la compasión pueden realmente traer aprendizaje y crecimiento para generar bienestar para mí y para otros. Como me trato a mi misma trato a los demás y si creo que a los demás los trato mejor que a mí es falso, porque en el caso de nuestros hijos el ejemplo que damos con nuestras acciones habla mucho más fuerte que el de nuestras palabras. Si me trato mal ellos aprenderán que eso esta bien, es incluso deseable y valorable y repetirán el patrón.

Con la pareja es lo mismo, ¡¿cuántas veces luchamos por ser esos hombres y mujeres de película que trabajan bárbaro, se hacen cargo de los hijos con sonrisas, energía y a la noche se duchan y se van a cenar elegantes, maquillados, peinados, contentos y encima, con ganas?! Por qué no aceptar que muchas veces la vida familiar es intensa y llegamos a las nueve de la noche con ganas de solo dormir y ni siquiera hablar con la pareja. Para mí es valioso esto porque entonces puedo buscar otros momentos de conexión donde sí dispongo de energía y entusiasmo ( a las 7am o en el almuerzo, en mi caso). O, acepto que los momentos de pareja tal vez sean con niños de por medio, y que habrá que flexibilizarnos en nuestros planes para poder disfrutar la experiencia del AQUÍ y AHORA y no la que nuestra mente pensó antes que ocurriera la realidad.

Cada vez que nos enojemos o frustremos por las cosas no salen como planeamos o con la idea que teníamos, preguntémonos: ¿con qué estamos comprometidos? ¿Queremos seguir “luchando por la idea” que teníamos (o fuimos condicionados a tener) o “aceptamos y encontramos el placer en la realidad presente”?

Nos invito a tomarnos cada día en familia como la posibilidad de aprender a amarnos, empezando por hacernos cargo de lo que sentimos y eliminando el ruido de nuestras “ideas” para darle lugar a la sinfonía que surge de conectarnos con la experiencia presente.

Honro la capacidad que tenemos como seres humanos de DARNOS CUENTA, de aprender, de re-calcular (como dice el GPS) y de ELEGIR con libertad el amor por sobre cualquier otra cosa.

Con amor y gratitud,

Denise Dziwak

 

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