Cuando hablamos de los límites, ¿de qué hablamos en realidad?

La palabra «limite» abarca muchos aspectos, muchas connotaciones, pero en definitiva, se habla siempre de lo mismo.

Buscando en el diccionario de la Real Academia Española, dice de límite: «línea real o imaginaria que separa dos terrenos, dos países, dos territorios«. Y eso aparentemente nos queda claro. Viajamos en auto para irnos de vacaciones, y si el lugar a donde vamos está en otra provincia de la que vivimos, tarde o temprano pasaremos por el «limite» que divide una provincia de la otra. Y muchas veces este límite está señalizado por un cartel que hace referencia a esto. Muchas veces está señalizado de algún otro modo. Y lo mismo sucede cuando vamos a otro país. Hay un límite que está marcado de otro modo quizás, pues aquí el paso de un país a otro tiene sus requisitos, dependiendo del país a donde vamos. A estos los podemos llamar límites geográficos.

Pero no hace falta irse de vacaciones o a otro país para ver lo que es un límite geográfico. De hecho, camino por la vereda de mi propia casa, y veo las casas vecinas. ¿Puedo entrar en ellas?… Así como así no puedo. Aquí hay un límite que puedo verlo materializado por las paredes, por la puerta, por la reja del jardín de adelante. ¿a usted se le ocurriría pasar a través de esa reja, sin permiso, abrir la puerta e ingresar a la casa del vecino así como así? Y no solo eso, piénselo al revés: imagínese a otra persona haciendo esto último, en su casa. ¡¡Para eso están las paredes, las puertas, etc.!!, para que no pueda entrar cualquiera.

Estas paredes y puerta, son límites. Y aquí se representa el objetivo de estos límites: cuidarme. Efectivamente, estos límites, y cualesquiera otros límites, me cuidan. Me cuidan a mi de usted, y lo cuidan a usted de mi.

¿Y solamente hay límites materiales?. Pues no. Hay muchos otros tipos de límites, y no son precisamente materiales. Están aquellos límites que me cuidan de otras personas, de situaciones cotidianas, de la agresión. Son límites que expreso con palabras, y principalmente con hechos.

Días atrás, esperando el autobús, escuchaba a dos personas hablar respecto de un asunto laboral entre ellos. En un determinado momento, una de ellas empezó a levantar el tono de voz, mientras que la otra persona le pedía por favor que se calmara. Esto de calmarse no sucedía, y la persona seguía levantando la voz y encolerizarse cada vez más. Era evidente para mi que la cosa no iba a terminar muy bien si seguían en estos términos. En un determinado momento, la persona que estaba más tranquila le dijo que en esos términos no podría seguir hablando. Y como la otra persona seguía a los gritos, la persona tranquila le comunicó que así no sigue esta conversación, dio media vuelta y se fue.

Más allá de quien tuviera o no razón, la persona que estaba más tranquila, primero comunicó su límite verbalmente: «en estos términos no quería seguir la charla». Dada la situación, la misma persona comunicó su límite, pero esta vez tomando la acción: dio media vuelta y se fue.

Esta persona conoce su límite en cuanto a participar de una discusión, de gritos. Y no solo reconoció su límite, sino que actuó en consecuencia para que ese límite no fuera superado. Fue como comunicar al otro: «así no quiero que me trates, tengas o no razón en esta situación, no me gustan los gritos, y no los voy a tolerar».

¿Usted reconoce sus límites? En el caso anterior, a simple vista quizás parezca que la persona tranquila le puso un límite a la otra persona. En realidad, lo que hizo fue ponerse su propio límite de «hasta cuando voy a tolerar los gritos de esta persona». Y esto es así, los límites nos lo ponemos a nosotros mismos, para cuidarnos, y por amor.

¡¡si, por amor!!, por amor a nosotros mismos, y por amor a las otras personas también.

¿Qué pasa cuando no ponemos límites?… Simple, imagine que en su casa no existiera la pared del frente, ni tampoco la puerta de entrada: todo el mundo podría entrar, y hacer lo que quiera en su propia casa. Con nosotros es lo mismo, cuando no ponemos… cuando no comunicamos nuestros límites, entonces los otros podrán hacer lo que quieran con nosotros, sin más. Y vuelvo a lo mismo: los límites nos cuidan.

Reconocer la propia necesidad de límites, no es tarea fácil, tampoco es difícil. Solo es cuestión de prestarse atención en esos momentos en que uno se siente invadido por otros, quizás sea un punto en donde necesite ponerse un límite.

Eso sí, tenga en cuenta que eso también trae consecuencias. Piénselo desde el ejemplo de la casa sin pared de frente: a su casa viene la gente que quiere, abre su heladera y se lleva su comida, se sienta en su mesa, etc., durante mucho tiempo. De pronto, usted construye la pared, pone puerta con llave, y entonces no pueden entrar sino aquellos a los que usted permite. Y no solo eso, entran los que usted quiere, pero también les indica qué pueden hacer dentro de su casa. ¿Les gustará el cambio?

Con los límites personales sucede lo mismo, usted comienza a decidir qué es lo que quiere para usted, y que no. Y entonces habrá mucha gente que sentirá que ya no es cómodo, y ahora tendrán que estar atentos a lo que usted necesita, a lo que usted quiere hacer con su vida, a cómo decide usted cuidarse. En apariencia esto parece tener un costo; alguien en un taller de desarrollo personal me dijo: claro… comienzo a poner límites y seguramente mucha gente se irá de al lado mío, a lo que le respondí que no me cabe duda, pero que seguramente la gente que se vaya de tu lado será la gente que estaba cómoda con que vos no tuvieras cuidados propios, necesidades propias, amor por vos misma.

Como dijo alguien alguna vez, los límites son como la baranda de una escalera, están ahí para asegurarme de no caerme. Puedo no tomarme nunca de ellos, pero sé que están ahí, y que me cuidarán. Los límites nos cuidan. Solo nosotros los podemos reconocer, y los podemos comunicar. Son variables, pues somos un organismo, en permanente proceso, y los límites acompañan nuestras necesidades. De nosotros depende comunicarlos, mostrarlos. De nosotros depende cuidarnos a nosotros mismos.

Recuerde que como usted se trate a usted mismo, así lo tratarán los demás.

Alejandro Juroczko
@alejuro

Alejandro Juroczko trabaja como Facilitador de Cambio y Crecimiento, a través de las herramientas del Counseling, el Focusing, la Gestalt y el touch for healh. Para ver su perfil y pedir una sesion hágalo AQUI

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  1. Enojos - Florecer del Alma

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