Un paradigma es una estructura o conjuntos de creencias, que sostenemos a nivel individual y grupal, determinan como vemos el mundo. A veces, vivimos en paradigmas que nos son funcionales, nos sirven y permiten lograr cierto bien-estar. Sin embargo, otras veces no e identificarlos es la clave para elegir si queremos o no vivir en ellos.

 

Gracias a mi tercer hijo y las noches en vela me di cuenta que estaba inmersa en un paradigma no funcional que en vez de generarme bienestar me generaba angustia, exigencia, frustración, agotamiento y todo llevaba a un enojo conmigo y con el mundo. Todo empezó por un cuestionamiento sobre: ¿Cómo quiero que sean mis hijos o cómo no quiero que sean? Cuando la gente veía a mi bebes y me decía a modo de cumplido: “Qué despierto que es tu hijo, mira como mira, como se incorpora, no parece un bebé recién nacido o de tan pocos meses”. Yo, orgullosa de mi hijo al igual que de las otras dos más grandes, me decía por dentro: “claro, mis hijos son así: despiertos. No quiero que mis hijos sean unos dormidos, que los pasen por encima, que no entiendan ni puedan preguntarse por el mundo que los rodea, que se queden quietos, en el molde”. Por primera vez en 6 años de maternidad escuché estos pensamientos como si fueran de otra persona y los analicé. La consecuencia era más que obvia: “Por eso mis hijos, ninguno de ellos, duerme demasiado! Yo pretendo que duerman y a la vez que “no sean unos dormidos”! pretendo que estén tranquilos y que a la vez “no se queden quietos””. Por supuesto que hay muchas mas implicancias como la exigencia de estar siempre aprendiendo, desarrollando habilidades, conquistando terrenos internos y externos en pos de una evolución y crecimiento constantes. Parece como si esto no pudiera ocurrir sin “buscarlo y ponerle intención”. Claro está yo aplicaba estos mismos criterios a mi propio ser, porque el afuera es solo un reflejo de nuestro interior, no hay escapatoria a esta ley universal: “como es en la parte es en el todo y como es adentro es afuera”. Así fui reconociendo muchas creencias, y cuando las vi todas juntas resonaba el paradigma de “hay que luchar por la vida, hay que meterle garra, onda, voluntad, esfuerzo o sino la cosa no camina, te pasan por arriba, te quedas muerto y pisoteado por otros por la vida misma, etc…”.

Este paradigma no es mío solamente, sino que lo escuché, lo viví, crecí en él y con él ya que a mi alrededor muchos otros pensaban o piensan lo mismo. Bueno, yo hoy decidí cambiarlo por no es VERDAD ni tampoco es amoroso o genera BEINESTAR. Cuando digo que no es verdad es porque puedo encontrar muchas instancias y hechos que demuestran lo contrario con lo cual lo puedo refutar y si lo puedo refutar puedo elegir creer en otra cosa. Además siempre puedo ELEGIR lo que me hace bien y esto no me hace bien.

Así empecé de a poco a construir un nuevo paradigma que lo venía aprendiendo de mis enseñanzas espirituales pero no lo había podido aún vivir en mi vida tan plenamente: La ley del menor esfuerzo y/o del FLUJO (FLOW). Cuando hablo de menor esfuerzo no quiere decir que no hay fuerza o intención puesta en funcionamiento, sino que así como el río elige el camino por el que “puede” pasar yo comencé a “dejar de luchar” por lo que quiero. Si lo que quiero esta alineado con lo que vengo a hacer y dar al mundo incluyendo el aprendizaje que me toca vivir entonces fluirá, ocurrirá y yo estaré preparada. Mi compromiso es con la preparación y estar MUY pero MUY atenta a hacer las cosas porque realmente siento que son lo que fluye de mi ser y no porque creo que ·tengo” que hacerlas para controlar algún aspecto de mi vida (por ej: que no me pasen por encima…). Así las preguntas que me hago son: ¿para qué hago lo que hago?, ¿intento controlar o evitar algo con esto que hago? Si la respuesta a la segunda pregunta es positiva me dedicare a investigar de dónde viene esa creencia y reformularla para seguir depurando mi sistema de paradigmas internos. Esto es como la computadora cuando hace el scandisk, vamos recorriendo nuestro interior, y en cuanto descubrimos una parte “dañada” podemos sanarla cambiándola por tra más sana y funcional, “actualizando” el archivo.

 

Los invito a preguntarse que paradigmas son los que los rigen. Empecemos por algo fácil:

  • ¿cómo quiero que sean mis hijos (o yo)? O ¿cómo no quiero que sean ?
  • ¿Por qué? O ¿Qué quiero evitar o controlar si el resultado es el que yo quiero que sea?

(por ej. Quiero que sean inteligentes. Porque si son inteligentes les va a ir bien en la vida. Quiero evitar que los engañen y sufran. La creencia es: “si sos inteligente no te engañarán ni sufrirás” o en primera persona “si soy inteligente no me engañaran ni sufriré”)

  • ¿Qué consecuencias o implicancias tiene sostener eso que quiero para mis hijos (o para mi)?

(por ej. Todo momento libre voy a estudiar, prepararme, nunca dejar de aprender algo. Esto me quita tiempo de ocio que también necesito, me atosiga de actividad mental. Además estoy siempre atenta a que me quieran engañar, dudo de lo que quieren de mi los demás, estoy a la defensiva me cuesta relajarme y entregarme a nuestra relación con confianza plena, etc”)

  • ¿Cómo seria la creencia que genera bienestar en mi vida? ¿Cuál es la VERDAD que me libera de las ataduras de mis paradigmas no funcionales?

(por ej. Soy inteligente sin necesidad de demostrarlo estudiando o aprendiendo todo el tiempo. La inteligencia es elegir lo que me hace bien a mi y a otros, con amor y compasión. No puedo evitar sufrir ni que otros sufran. No puedo evitar el dolor de un posible engaño. El dolor que pueda sentir lo podre acompañar con amor y pasará. El dolor siempre termina, el sufrimiento no y sufrir es una elección. Elijo vivir cada relación a pleno confiando plenamente para poder dar lo mejor de mi y recibir sin condicionamientos,…etc)

 

Antes de terminar cabe destacar que hay momentos donde “luchar por la vida” puede haberme sido funcional. Pero la cuestión es saber cuando dejar de hacerlo, elegir a cada minuto en que mundo quiero vivir.

Lo que creo define el mundo en el que vivo.

 Termino con un agradecimiento a mi gran amiga y comadre, Pauli,  quien con su mirada me dio pie a reflexionar sobre todo esto y poder así abrir una puerta de un nuevo mundo en mi vida. Un mundo más tranquilo, relajado, sin presiones y donde, hoy para mí es tan valioso: PODEMOS DORMIR en paz.

 

Con amor y gratitud,

 

Denise Dziwak

 

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  1. Pily Talavera

    muy bueno. Me siento identificada y movilizada.

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    • Denise

      Gracias Pili por compartir. ojalá la movilización de la que escribís pueda abrir puertas de crecimiento para ti en tu vida. Estamos aquí en Florecer del Alma para crecer y aprender unos otros. Contra con nuestra compañía en ese sentido.
      Denise y Alejandro

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