Casi todos los padres y madres que conozco hablan en algún momento de la noche con mucha frustración y a veces hasta desespero por no poder dormir sin interrupciones. A veces los comentarios son del tipo: “ya no sé que hacer…” con clara desesperación o, ya resignados algunos dicen “ya volveré a dormir cuando crezcan…” u otros dispuestos a mejorar su estadía nocturna van probando opciones “a mí lo que me funciona es …”.

Algunos poquísimos “afortunados”, digo yo, dicen que nunca tuvieron un problema en las noches, usualmente son padres con un hijo o que, si tienen dos, tienen una enfermera o alguien que se hace cargo de la noche en caso de bebés.

Ni hablemos de los insomnios post-despertadas. A quién no le pasó que en medio de la noche tras ir por la pesadilla de uno de los niños o darle de mamar a otro o atender la tos de otro, al querer volver a dormirnos, ¡NO PODEMOS!. Eso debe ser una de las causas de frustración más grande que tuve en algún momento de la maternidad.

Hace ya un tiempo, y gracias a mi tercer hijo comencé un proceso distinto: me AMIGUE CON LA NOCHE y quiero contarles cómo para que al que le sirve, le ayude.

Lo primero: CONECTAR con los SENTIMIENTOS y PENSAMIENTOS

Al ir despertándome me dio más tiempo para conectarme con los pensamientos que me generaban enojo o frustración. Sostengo que SOY 100% RESPONSABLE DE MIS SENTIMIENTOS (los haya generado yo o no, SIEMPRE me puedo hacer cargo). Los primeros pensamientos que aparecieron fueron las “reglas de otros”, es decir lo que estaba “bien” o “mal” según lo que decían los libros, pediatras, expertos, abuelas, tíos, mamás de la plaza y cuanto personaje haya escuchado opinar desde que soy madre. Todos y cada uno tenían la “formula mágica para dormir” y si no la tenían ofrecían opiniones sobre lo que había que hacer o no hacer respecto a los bebés y niños en las noches. Para mí, el darles poder y cabida SIN consultarme internamente para respetar mi VOZ interior me enojaba mucho. NO FUNCIONABAN y encima yo me OLBIGABA a hacer algo en lo que no creía. Había, claro, una buena razón para que yo hiciera esto y es que no quería ser mala madre o dañar a mis hijos. Cuando pude verlo y abrir mi corazón para recibir la verdad más elevada, las más amorosa, escuché: TODAS LAS RESPUESTAS ESTAN EN MI INTERIOR. Allí en la paz y el amor del corazón, la sabiduría de madre y de padre (porque creo que ambos tenemos esta capacidad) fluye y honrarla, escuchándola y haciéndole caso es lo mejor que podemos hacer.

Así que es primer aprendizaje fue: NO HAY REGLAS, TODO VALE mientras surja de la conexión interna con el amor de madre o padre. Y cómo sé si lo que cre que es mejor es lo “correcto”. Porque lo “correcto” es aquello que me deja sintiendo una paz, alivio, aceptación y amor tal que no puedo dudar que sea lo mejor para mí y mis hijos.
Así luego leía libro de co-lecho, o artículos sobre dejar llorar o no dejar llorar al bebé, y pasaban a ser como ver pasar una mariposa frente a mí, la observaba, agradecida por su belleza y dejaba que siga su vuelo, sin que eso me moviera de mi paz interior.

Lo segundo: ACEPTACIÓN y ACCIÓN AMOROSA

Podría ser primero la aceptación de la noche pero en verdad sin conexión no creo estar en un estado de ánimo como ara aceptar nada, al menos en mi caso. Había noches que ciertos pensamientos del tipo “me quedan solo 2 hs antes que suene el despertador” me generaban mucha impaciencia, ansiedad y desespero. Me empecé a preguntar por qué y me di cuenta que tenía gran cantidad de creencias sobre cómo, cuánto dormir, de qué forma y muchísima rigidez sobre ciertos aspectos del tema sueño. Exploré sobre su origen, y me di cuenta que muchos temas tenían que ver con las noches como niña: los miedos, las inseguridades, lo que necesitaba y no tuve. Gran parte de mí se convertía en esa niña durante la noche y las barreras del tiempo se desdibujaban.
Esto es algo GRANDIOSO que pasa a la noche, como estamos en un estado mental menos alerta, los sentimientos parecen predominar y el pasado, presente o futuro se mezclan a tal punto que a veces perdemos registro de dónde estamos. Esto nos permite observar temas que cuando estamos plenamente alertas y conscientes guardamos en un cajón y no vemos. La noche nos da la posibilidad de explorar la oscuridad dentro nuestro.
Mientras exploraba y para poder ayudarme de flexibilizar mis rigideces, hacía cosas del tipo: no mirar el reloj para no condicionarme con la hora, o tener un tapa-ojos de los de avión cerca por si estaba amaneciendo para poder dormir más, o me tapaba los oídos con tapones y arriba unos head phones noise cancelling para no escuchar ruidos (siempre y cuando hubiera dejado a alguien más a cargo de los niños), …
Llevó años (ya voy más de 6 casi 7) pero de tanto explorar las oscuridades internas y los pensamientos que me generaban incomodidad en la noche pude ir recodificando creencias a tal punto que hoy puedo dormir con ruido, a plena luz del dia y casi diría en cualquier lugar (me facilita estar acostada pero puedo haerlo sentada también). Es impresionante lo que puede hacer un poco de conexión y trabajo interno.
Todo esto no hubiera pasado si yo no hubiera ACEPTADO mi realidad. Tengo hijos chicos, y no tan chicos pero pueden despertarse y necesitarme y por ende puedo llegar a despertarme. Punto. Lo acepto. No es ni malo ni bueno, ES. Y si me despierto veré en ese momento ante lo que me presenta la vida cómo lo encaro. No hay ideas ni pautas más que conectar con el presente. A veces lo que me ayuda es si creo que se viene una noche difícil puedo invitar a mi esposo a que hagamos turnos. Pero aún así durante la noche y los turnos tenemos flexibilidad para cambiar de rumbo si así lo sentimos mejor.
Aceptarlo no alcanza porque si no hubiera elegido darme lo que necesito a cada momento no me hubiera servido. A eso le llamo ACCIÓN AMOROSA. Yo me despierto tranquila porque sé que me voy a cuidar en ese momento y en el futuro también y no me va a faltar descanso para vivir mi vida. Mi vida puede no incluir lo que creía que incluiría como muchas horas de trabajo, reuniones o fiestas hasta tarde. Tal vez decida hacer una siesta a media mañana, o cancelar los planes que tenía para la noche y dormirme 8pm. En el caso del que trabaja fuera de la casa, por ejemplo en una oficina puede ser dormirse muy temprano o darse un tiempo en el día para parar y descansar (ir a dormir al auto, al jardín o a la casa). También sabiendo que estoy ante una eventualidad, como un hijo enfermo, puedo elegir trabajar menos horas. SIEMPRE PUEDO ELEGIR. Obvio que cada elección tiene consecuencias, pero cada vez que la elección es la que esta alineada con el alma, osea aquella elección que se origina en la escucha interna y el amor por mí y los que me rodean, la cuestiones de la vida se irán acomodando y todo estará bien. Cada vez que me conecto con lo REAL, con el espíritu, con la paz y amor interior, TODO ESTA BIEN.

Así la noche es un espacio de conexión único con nuestra parte más sensible, vulnerable incluso, que rechaza despertarse por varios motivos. Escuchemos esos motivos y honrémoslos con acciones amorosas.
Cuando un hijo nos despierta es porque claramente necesita de nosotros, tomemos esa oportunidad para ir más allá del momento y aprender a amarnos un poquito más.
Integrar partes de las sombras que se esconden en la oscuridad de la noche es un beneficio que nos ofrece ser padres. Por ahí hasta se benefician como yo de poder dormir sin tanto “rollo” y disfrutar más inclusive de desvelarme.

Me encantaría escuchar lo que les pasa con las noches.

Con amor y gratitud,

Denise Dziwak

 

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