Me he encontrado en muchas conversaciones en las que me cuentan de un miedo que parece inmanejable, que asusta, que paraliza y que no parece disminuir con las explicaciones racionales de ningún tipo. Este miedo no es cualquier miedo, surge cuando estamos muy felices y plenos o en la antesala de un gran proyecto o sueño por cumplir. Es un miedo que tiende a sabotear la felicidad actual, el disfrute o incluso hacernos echar para atrás ante algo que queremos hacer desde hace mucho y justo se da la posibilidad ahora. A este miedo yo le llamo “miedo a lo bueno” y cabe en el arquetipo del SABOTEADOR.

Esto era perfectamente lógico y explicable desde la creencias (“nada dura para siempre”, “si algo puede salir mal saldrá”, “si todo esta bien algo malo pasará”, “a mi siempre me pasa algo que arruina mis sueños, etc). Sin embargo, cuando me pasó a mí recientemente pude comprenderlo y darle otra mirada la cual puede abrirles posibilidades.

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Estaba esquiando de vacaciones con mi familia, y amaneció un día soleado increíble, con la temperatura baja tras una nevada copiosa durante la noche, lo cual auspiciaba una nieve polvo de las que pocas veces he experimentado en montañas como las de San Martin de los Andes. Había pasado una noche tranquila, con un sueño casi perfecto, teniendo en cuenta las edades de mis hijos, con lo cual estaba con toda la energía. Dejamos con mi esposo a las chicas en la escuela de esquí y nos subimos a la aerosilla que nos llevaba al centro de esquí. Ahí comenzó todo: miedo, mucho, a todo, a la silla, que se cayera, me agarro un dolor en el pecho y garganta tipo punzada, costaba respirar, pensamientos del tipo catástrofe poblaban mi mente. Empecé con un tanto de ansiedad a preguntarme que me quería decir este miedo, que me pedía? Que me cuide? Pero en la silla que podía hacer mas que estar quieta?, No, no era eso lo que pedía, ¿pero qué entonces? En unos minutos me di cuenta que estaba intentando controlar miedo, sacarlo de mí y cuanto más rápido mejor. Ahí solté, me atreví a algo que ayudo a otros a hacer pero que cuando me toca me resulta de lo más difícil: SENTIR sin objetivo, sólo sentir, darle espacio dentro al miedo, dejarlo estar, como una niña asustada, abrazándola estando para ella sin preguntarle nada sin ofrecerle nada. Y así estuve un rato, en silencio respirando en el miedo. Mi esposo que empezó a hablarme pero le pedí que me dé tiempo, le expliqué lo que me estaba pasando y aclaré que no quería soluciones solo compañía mientras sentía esto. La silla terminó, por suerte, y no se cayó! Suspiré y algo aflojó, así que seguí, me subí al poma (otro medio de elevación) y cuando estaba por empezar a esquiar en el bosque, otra vez! Sensación FEA corporal, pecho y garganta tomadas y pensamientos del tipo: “se me sale un esquí y me estampo contra el árbol” o peor “me caigo del camino en la nieve onda y quedo enredada en la lenga”, etc, me acuerdo y siento la sensación corporal: HORRIBLE.

(NOTA: sigan leyendo, tiene final FELIZ, al mejor estilo DISNEY lo prometo!). Otra vez tuve que meterme adentro y sentir dejando que todo suceda, acompañarme, mientras por supuesto iba con cuidado y MUY tranquila sobre la pista (que era un simple caminito de nivel principiante!, en fin). Finalmente tocó otra silla, agradecida de parar de esquiar me senté y hubiera deseado quedarme ahí SIN que se mueva, al menos no alto en el aire, pero salió y ahí estaba yo de nuevo, en el aire, sintiendo ese miedo y recibiendo una metralladora de pensamientos. Mi esposo me dice algo así como “que increíble este día, estoy feliz de poder esquiar así”, y ahí me cayó la ficha: yo no había disfrutado ni un poco absolutamente nada. Así que como digo en mis clases de meditación: “time out, time in”, me di un espacio para ir hacia adentro. Respiré, sentí el miedo, y abracé por dentro a mi niña interior que me lo expresaba. Comencé a tener una idea de qué se trataba, ella me llevó a varios momentos de mi infancia. No estoy segura que fueran así o no pero lo sentía en mi cuerpo. Sentía el abrazo seguro, protector, cariñoso y grande de mi papá, y luego ese abrazo ya no estaba, se iba, me sentía sola, desprotegida, al acecho. Era muy bebé o chiquito no tengo palabras sólo la sensación. También me vino otro momento como al año y medio que estaba con mis abuelos, me sentía amada, libre, querida y de pronto los tenías que dejar, para volver con mis papás. Esta situación siempre la interpreté negativamente pero creía que era porque estaba triste de que me hubieran dejado, y fue al revés! En fin, muchas situaciónes, sobretodo la de papas abrazándome, teniéndome aupa que terminaba y daba lugar a una sensación de desprotección. WOW, fue increíble darme cuenta de eso. Mi papa solia viajar y tal vez era eso, pero lo cierto es que había una memoria física de mi cuerpo seguro, sostenido, amado, abrazado, protegido y otra de una inseguridad, soledad, y mucho miedo. Pregunté a mi guía espiritual (Dios, maestro interno, Yo superior o como quieran llamarle) qué podía hacer por mi niña, y fue sencillo: 1) reconocer que la experiencia pasada que quedó en la memoria y fue real, ese miedo, en ESE momento era real, algo podía pasarme sin ese nivel de amor y protección, (no mucho porque había otra gente pero no era el MISMO tipo de seguridad que la que daba Papá), y 2) ya no era cierto, yo podía darme esa protección, ese cuidado, ese amor de papá a mi misma, y 3) tengo la posibilidad de disfrutar sin miedo a que se acabe porque eso no es terrible, solo da lugar a otra experiencia que puede ser de muchas maneras, no necesariamente dolorosa, solitaria, temible.

Así termino la silla (duraba unos 10 minutos) y yo ya estaba pudiendo sentir el sol en mi piel y observar (no sólo ver) lo que me rodeaba, ese paisaje maravilloso que es el boque nevado, la montaña y el cielo azul. Finalmente me pude conectar con el PRESENTE, con la posibilidad de sentir ese lugar, de acompañarme en mis procesos internos a tal punto que me sentía escuchada y comprendida, amada. Pude esquiar como nunca, con fluidez, intrépida como en mis mejores momentos, pero segura, bajando pistas de todo tipo, con el viento acariciándome, navegando por esa nieve tan suave que ni ruido hace… de sólo recordarlo me sonrío, placer…

 

Como ven si tuvo final feliz, y cuál fue la clave: la CONEXIÓN INTERIOR (Inner Bonding), que no es más que: la intención de ESTAR presente, sin querer “sacarme” la emoción molesta, sentirla, darle lugar, dialogar con ella para comprenderla y no controlarla, dejar que mi niña interior (ese miedo) me muestre de dónde aprendió a sentirse así y que mi Guía me oriente hacia cómo integrar esa experiencia en el presente con amor, con escucha, con compañía.

 

Los invito a conectarse con sus emociones, sobretodo esas feas que quisiéramos no tener y darles espacio, darles un lugar, invitarlos a dialogar tal vez con palabras o con sensaciones corporales, todo vale! Es cierto, no es placentero en el momento, pero luego al integrarse y sanarse eso, da lugar a una plenitud y disfrute mucho mayor.

 

Con amor y gratitud,
Denise

Denise Dziwak, trabaja como Life & Spiritual coach, utilizando las herramientas del coaching, la meditación y el touch for health para lograr una mayor conexión interior (inner bonding). Pueden ver su pérfil y pedir una sesión con ella en AQUÍ.

Si quieres trabajar temas personales para habilitarte a vivir con mayor plenitud y conciencia no dudes en pedirnos una sesión individual para que te acompañemos.

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  1. Maria Pelliza

    Que bueno Denise!!!

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    • Denise Dziwak

      Me alegra te gustara Maria, es tanto lo que podemos seguir aprendiendo de nuestras vidas 🙂
      Cariños
      Denise

      Responder
  2. Gabriela

    Divino Denisse, me re sirven tus artículos me encantan

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    • Denise Dziwak

      Gaby, que linda, ahi estuviste conmigo compartiendo, viste lo que surge de una simple «silla» y un «miedito»? jaja no dejo de sorprenderme lo rica que es la vida para aprender a amarnos mas y mas.
      Cariños
      Denise

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  3. Yi

    Me hizo tan bien leer esto, dentro de pocas semanas iré a esquiar pero siento miedo. Nunca he estado en la nieve.
    Gracias por tan bellas palabras

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    • Denise Dziwak

      Nos alegra que te haya servido. Está bueno que reconozcas el sentimiento de temor y tal vez indagues sobre el mismo. por ejemplo puedes preguntarte que pensamiento está generando miedo. Explorar indagar y luego tal vez pensar en opciones para acotar esos «riesgos» que te pueden generar temor e ir letamente hacia eso que quieres para disfrutarlo y no sufrirlo 🙂
      Cariños
      Denise

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