Artículo extraído del Mailing de Laura Gutman: LINK

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Si descuidamos el sentido primordial de estas celebraciones, que pretenden rendir tributo al mensaje amoroso que hemos recibido de Jesús, nos vamos a desorientar.
Es imprescindible que volvamos a la fuente y recuperemos la armonía interior, confiando en la bondad y el amor.
Pero si nos abrumamos comprando hasta el hartazgo objetos que en breve caerán en desuso, regalos que los niños no necesitan y que los adultos tampoco necesitamos, perderemos el rumbo.

¿Qué podemos hacer en caso que deseemos “bajarnos del tren” del consumo? ¿Es posible organizar una celebración diferente sin ser juzgados por los demás? ¿Qué pasa si los niños se frustran porque sus amigos han recibido regalos más importantes? ¿Qué hacemos con la exagerada abundancia de comida y bebida?

 

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