¡Cuántas veces escuchamos la frase “No pasa nada” cuando a niño “le pasa algo” que le provoca tristeza o dolor (físico o emocional)! Que manera más simple de decir: “lo que te pasa no es real, deja de sentir” como si el niño pudiera. Muchas veces este no reconocimiento del dolor ajeno lo empeora o alarga a tal punto que se vuelve algo mucho mayor de lo que fuera en un primer momento.

En mi experiencia de madre y en mi trabajo acompañando a otros en sus dolores, aprendí que las emociones son grandes aliadas en el proceso de crecer con amor. Las emociones, las cómodas y las no tan cómodas, nos abren la puerta a aprender de nosotros, a conectarnos con la experiencia que vivimos y a su vez con la de los que nos rodean.
Todas y cada una de las emociones pasan por nuestro cuerpo mostrándonos un aspecto más de nuestra humanidad, y si las recibimos con amor, apertura y sin juzgarlas, se sentirán bienvenidas y nos hablarán un poco más de quiénes somos y de qué es lo que realmente necesitamos. Fíjense que dije “pasan por nuestro cuerpo”, lo cual quiere decir que podemos observarlas, sentirlas, dialogar con ellas, pero no somos la emoción. Esto es lo que yo llamo un acto de conciencia ya que me doy cuenta que algo me pasa, que siento, que me pide algo de mí y me tomo la distancia para poder escucharlo, comprenderlo y ELEGIR que hacer con todo eso.

Aprender a aceptar, darles cabida y a la vez observar las emociones como algo que nos pasa y no que somos es clave para poder administrarlas y que no nos gobiernen.Juanfran gateando para post

Cuando a los niños en vez de decirles “no pasa nada”, les reconocemos y ponemos palabras a lo que sí les pasa, les ayudamos en este proceso de aceptación y conciencia. Por ejemplo podemos decir “Como te duele la rodilla al caerte de la bici.” y acto seguido podemos ofrecer ayuda conteniéndolos por sobretodo, “Mi amor, aquí estoy con vos” con un gran abrazo. También actuando en lo físico si es necesario como limpiar heridas, vendar, poner hielo, etc.

Si nos cuesta mucho estar con el dolor del otro, puedo imaginar que nos cuesta aún más estar con el propio dolor y que aprendimos que no estaba bueno sentirlo. Tal vez tengamos miedo que el dolor nunca termine o que nos haga mal sentirlo. Por lo general estas creencias vienen de momentos en que sentimos dolor y este no fue reconocido por los adultos que nos acompañaban o simplemente no había adultos para ayudarnos a aplacarlo. El dolor sin amor, nunca termina, esto es real. Y el niño, en especial bebé que siente dolor y no tiene un adulto cerca tiene miedo de morir. La más desgarradora experiencia para el ser humano es la ser bebé y no tener quien nos contenga, porque no hay manera de hacerlo por nosotros mismos. La sensación de soledad absoluta e impotencia es algo que ninguno quiere volver a experimentar. Esto no es para ir a reclamarle a nadie no haber tenido el amor que necesitábamos, ya que nuestros padres y nosotros como padres, hacemos lo mejor que podemos a cada momento, con nuestras virtudes y limitaciones. Si vivimos estas experiencias seguramente es para aprender algo, para tal vez aprender a revivir esos dolores “cortados” como adultos y darnos cuenta que el dolor si se termina, y que el amor y la compañía de nuestros dolores es lo que nos cura de todo malestar.

Prueben con sus niños, la próxima vez que les pase algo como caerse o perder un juguete favorito o que el amigo le diga que no quiere jugar con él, refléjenle el sentimiento “a mi me causa mucha tristeza perder algo”, y luego acompáñenlo con un abrazo, con compañía y palabras de aliento. Palabras de aliento que desmitifiquen el tema, que hablen de cómo lo que les pasa no tiene nada que ver con quienes son, que son valiosos, perfectos, que no hay nada por cambiar, que todo es parte de aprender y que siempre estaremos para ellos.

Lo invito a que nos mantengamos abiertos a todo tipo de emoción, sabiendo que lo que dejamos fluir por nosotros pasa, y lo que evitamos simplemente se acumula y toma fuerza en un lugar oscuro que nos asusta dentro nuestro.

La próxima vez que nos pase algo o a nuestros niños, ya no digamos “no pasa nada” sino reconozcamos qué pasó y acompañemos lo que sea con amor.

Los dejo con una tarea: explorar qué creencias tenemos sobre el “dolor emocional”. Revisemos y cambiemos las que ya no nos sirvan o hayan quedado como experiencias de niños y no de nuestra realidad como adultos conscientes, compasivos y amorosos. Así podremos estar más presentes para nuestros niños.

 

Con amor y gratitud,

 

Denise Dziwak

 

Denise Dziwak, trabaja como Life & Spiritual coach, utilizando las herramientas del coaching, la meditación y el touch for health para lograr una mayor conexión interior (inner bonding). Pueden ver su pérfil y pedir una sesión con ella en AQUÍ.

 

Si quieres trabajar temas personales para habilitarte a vivir con mayor plenitud y conciencia no dudes en pedirnos una sesión individual para que te acompañemos.

Compartir

Tu comentario nos interesa...

Tu aporte a través de consultas y sugerencias nos enriquece y es valorado también por el resto de los lectores. ¡Muchas gracias!

Deja tu comentario