Creo que más allá de la edad siempre es difícil, al menos para mí y casi toda madre que conozco, presenciar el llanto de nuestros hijos. Lo más común es querer callarlo, no porque nos moleste el ruido” del llanto, sino porque nos hace ruido internamente. Ese ruido para algunos padres es una mezcla de emociones: desesperación, frustración, enojo, impaciencia, pena, tristeza, impotencia, vulnerabilidad. También conviven pensamientos, que en su mayoría no ayudan, del tipo: “uy, no, algo hice mal, no entiendo por qué llora, es tan chiquito, si pudiera hablar, debo haberle hecho algo que lo dañó”, o “empezó a llorar y no va a parar, y yo que quería salir a caminar tranquila, ahora me toca manejar ESTO, que bronca ¿por qué mis planes siempre son interrumpidos por mis hijos?”, “no sé qué más hacer, ya lo abracé, ya le pregunté que pasaba, y ahora qué, ¿cómo lo calmo? Que tipo de madre soy si no puedo calmar ni a mi propio hijo?”, o “que se haga hombre, que deje de llorar por pavadas, sino nunca va a ser fuerte para este mundo en el que vive. Ya le digo que no puede llorar más sino cuando crezca lo van a pasar por encima. Los débiles no sobreviven”, o “y ahora por qué llora, debería haber hecho lo que yo quería en vez de adaptarme a él, que ingratitud con todo lo que hago por él”, o “soy demasiado sensible, no tolero su llanto, me pone mal, que hago si me siento peor que él, no puedo acompañarlo, sostenerlo, ayudarlo a salir de esto que le pasa, no sé cómo”, o “se habrá golpead, alguien le hizo algo, no puede ser, ya me voy a encargar de quién le haya hecho algo malo a mi hijo”,…etcétera.

En mi experiencia cuando soy CONSCIENTE de estas emociones y pensamientos, puedo ELEGIR que hacer. Así que lo primero siempre es MIRAR ADENTRO, ver que me pasa con lo que me pasa. Me dirán que no hay tiempo, que hay que actuar, que a veces no se puede “parar”. ¿Quién no puede parar?, eso no es más que otro pensamiento (¿se dieron cuenta de eso?), siempre hay tiempo para respirar 3 veces y preguntarme ¿qué es lo más amoroso para mí y mi hijo en este momento? La verdad es que mi hijo llora, eso es un hecho, y yo lo que puedo elegir es mi INTENCIÓN, dos opciones: 1) estoy dispuesta a aprender con apertura y amor (sin juicio, ni expectativa de resultado) o 2) quiero controlar lo que le pasa (ponerle un fin, que esté “bien” otra vez, etc). Lo más probable es que si quiero controlar el llanto, el momento se convierta en una mezcla de lucha de poder o control entre él y yo, o lo termine sometiendo (ya sea a la fuerza o muy gentilmente manipulándolo). Así nadie gana porque en esta forma no hay amor, solo miedo y opresión. En cambio, si estoy dispuesta a aprender de lo que le pasa, en principio necesito hacer una “pausa” interna, y tal vez aprender de lo que a MÍ me pasa con su llanto también, para realmente poder abrirme y ACOMPAÑARLO. Ahí sí estoy de acuerdo que no siempre hay tiempo/contexto para hacerlo en el momento que mi hijo llora, pero al menos puedo registrar mis emociones y pensamientos y verlos como tal, y no como la verdad ante la cual tengo que reaccionar. Si al menos puedo poner 3 respiros de distancia entre lo que me pasa y lo que hago con lo que me pasa, tendré más chances de estar abierta y amorosa.

Algo que me pasó y a veces sigue pasando a mí: elijo aprender, abrirme, indago con apertura, sostengo con amor, abrazos, mimos, escucha, y … “el llanto sigue, la tristeza no se va, no hay cambio en la situació
n externa”, entonces me vuelvo al control, porque lo otro “no está funcionando”. Ahí me doy cuenta que en verdad hice todo eso de “ser amorosa” para CONTROLAR EL LLANTO!, se dieron cuenta? Que buena trampa me tendí a mi misma. En fin, ¿qué hacer?, DARME CUENTA, listo, sólo eso, y volver a abrirme.

El llanto termina, se los prometo, pero lo hace cuando lo tiene que hacer (no cuando queremos), tiene un tiempo, un ciclo, una necesidad de amor y compañía que no juzga lo que pasa sino que acompaña y sostiene ofreciéndose en servicio del otro. Y qué lindo cuando eso pasa, cuando vemos ese cambio que se dio sólo sin tironear ni apresurarlo, que completa esa experiencia, valiosa y nutritiva para todos. No sólo la autoestima de nuestro hijo sino la nuestra, el haber podido estar con PRESENCIA PLENA, AMOR INFINITO sin buscar nada a cambio, ni siquiera su bienestar, aunque eso haya sido el resultado luego de un tiempo.

Esta semana me pasó exactamente esto y me sentí con una plenitud y sentido de, no sé si llamarlo logro, orgullo, reconocimiento del camino transcurrido, en fin, completa, radiante, feliz, 2015-06-28 15.14.03-1en paz, ¿qué más hay? Estaba llegando al colegio de Sofia (3 años) para leerle un cuento en la clase con sus compañeritos. Llego al parque donde juegan en el recreo y la veo solita a un costado con carita triste mirando el suelo y como en el límite sin estar en el parque ni afuera. Se me partió el corazón, tan chiquita ahí, solita, triste. Me acerco la saludo con un abrazo me pongo a la altura de sus ojos y le pregunto “qué pasa mi amor?”, me responde un “estoy triste” seguido de llanto que claramente estaba conteniendo. La abrazo y cuando se calma la vuelvo a mirar a sus ojitos mojados y le pregunto “que paso? Que te pone triste?” pero no me responde enseguida. Entonces me acuerdo que el día anterior me había dicho que no quería ir al colegio y que ya no era amiga de Pirulita*, que Pirulita le dijo que no era su amiga y no la iba a invitar a su casa. Así que le traigo el tema: y tu amiga Pirulita, no jugas con ella? Y ahí me cuenta que no la había querido dejar jugar con ella y le había dicho que o era su amiga. Yo la abracé, le dije lo valiosa que era, que era muy triste lo que le había pasado, pero que seguro la amiga había dicho eso porque algo le pasó a ella y no porque Sofía no fuera una buena amiga para jugar. Se calmó, se engancho con el tema de mi venida, del cuento y de pronto todos los amiguitos vinieron a verme (¿vieron que cuando un papá va es como si el papá de todos fuera? Es hermoso eso) y me preguntaban de qué era el libro o me contaban sus hazañas y lo que podía hacer (“yo puedo saltar con dos pies, alto como esa nube”, “yo corro muy rápido”, “yo sé bailar mirá” …), mientras Sofía estaba aupa mío abrazada. Noté su cambio a nivel físico, se soltó y luego recobró tonicidad como si se fortaleciera de eso que ocurría fuera. Entramos, leí el cuento, cantamos, hicimos como si fuéramos animales y terminó. Sofía estaba transformada, feliz, enganchada con las actividades, enseguida se fue a jugar con la próxima actividad, me dijo chau y se la notaba liviana, tranquila. Creo que de alguna manera se llenó su copa, de amor, de seguridad, de presencia. Y no terminó allí su cambio, sino que llego a casa feliz y al otro día me contó que había jugado con Pirulita de nuevo, como que ya no había tema con eso o no lo era para ella al menos. Fue su primera “pena” (heartbreak en inglés) a nivel social, de probablemente muchas que le ocurran en la vida de la sociabilización, y pude estar para ella, justo en el momento preciso, escuchando, sosteniendo, sin ánimos de sacarla de su tristeza o proceso, con mi compañía, mi energía allí disponible para darle lo que necesitaba y fue más que suficiente.

En restrospectiva, recuerdo cuando a Valen (6 años) le pasaron estas cosas hace 3-4 años y como yo me sentía o lo que pensaba y cómo cambio mi mirada. Tal vez es la experiencia, el estudio, el trabajo en mí, no importa, lo que sí me importa es que me tomé el tiempo para estar presente con lo que me pasaba a mí y por ende también a ella desde la intención de aprender y amar. Misión cumplida (una de muchas J )

 

Los dejo con una invitación a tomar distancia de la situación del llanto, a mirarse por dentro y darse por completo abiertos, vulnerables, sensibles. Es en el mismo lugar que sentimos la pena y el amor, la vulnerabilidad y la fortaleza, la tristeza y la alegría, y si nos abrimos a sentir todas las emociones entonces accederemos a todas y podremos transitar todo tipo de situación. No sólo le daremos amor en el momento sino también un ejemplo de cómo estar en el mundo con plenitud: abiertos, ligeros (de juicios y pesos…) y con ganas de aprender a amar.

 

Con gratitud infinitas y cariño,

 

Denise

 

Denise Dziwak, trabaja como Life & Spiritual coach, utilizando las herramientas del coaching, la meditación y el touch for health para lograr una mayor conexión interior (inner bonding). Pueden ver su pérfil y pedir una sesión con ella en AQUÍ.

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  1. Maritza Baca

    Que buena perspectiva Denisse! (y bien descrita). En el preciso momento, como cuesta tomar distancia y respirar! pero concuerdo contigo es el mejor camino para permitirnos sentir, conectarnos con muestros hijos y proseguir de la mejor manera… Muchas gracias por compartirlo.

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