En las últimas semanas me he encontrado con muchas personas, incluida yo, que descubrimos que al poder ponerle palabras a algo para lo cual no había registro, pudimos sanar algo profundo y, en algunos casos, de muchos años generando dolor o impidiéndonos sentirnos plenos.

Maritchu Seitun («Capacitación emocional para la Familia») escribe sobre la empatía con los chicos y como nombrar lo que les pasa es un primer paso para que ellos se sientan comprendidos, sostenidos y puedan registrar aquello que les pasa: “UY como duele caerse al piso”, o “que bronca no poder comerte el caramelo ahora!”, “que triste que se te cayera el helado al piso”, etcétera. Yo agrego que es imprescindible la ACTITUD COMPASIVA y amorosa además del nombrar. Esto, en mi experiencia, es muchas veces un silencio y un abrazo o sostener la presencia y mirada. He visto muchas veces esta teoría aplicarse como una fórmula, sin amor, y escuché cosas como: “que triste que se te cayera el helado pero si tenés mas cuidado no te va a volver a pasar”. Todo lo que vino antes del “pero” no es recibido por quien lo escucha porque nuestro intento de empatía fue seguido con una actitud de decirle cómo y qué hacer, que pudiera haberlo prevenido, que hay una mejor forma de hacer las cosas,…en fin, de no aceptación. Además, ¿pensamos que al que se le cae el helado está pensando la manera de que se le caiga? Obvio que no, y si no tuvo cuidado es porque no pudo, no sabe, o simplemente se distrajo con algo, pero no QUERÍA tirarlo conscientemente. A ese niño, o persona adulta, porque tengo mil ejemplos de haber recibido y dado este tipo de comentarios, no le llega más que: “la forma en la que te comportas/sos no es la correcta, no está bien, hay otra forma y yo te voy a decir cuál es”. Si esa fue la primera vez que se le cayo el helado, la segunda vez va a sentir que no es una persona aceptable y se dirá a sí mismo que es inútil, poco cuidadoso, distraído o cualquier otra etiqueta que atenta contra la autoestima.

Esto es en cuanto a nombrar, empatizar y ayudar a nuestros hijos, y por qué no otros que nos rodean, a registrar lo que les pasa sintiéndose comprendidos y aceptados.

¿Qué pasa cuando NO nombramos lo que les pasa a los chicos? Muchas cosas pueden pasar, ninguna que habilite el aprendizaje o sentirse amado. Una puede ser que comiencen a perder registro de lo que les pasa y no conecten con lo que sienten, es más, si no hay adultos que nombren la emociones, no podrán decir qué sienten porque ni siquiera tendrán lenguaje para ello. Es como un esquimal, que puede nombrar más de 100 tipos de nieve, comparado conmigo que no tengo esa capacidad porque no tengo la distinción lingüística ni capacitación para hacerlo. Como somos seres complejos, que nuestra mente no registre un hecho no quiere decir que nuestro cuerpo y alma no lo hagan, y aquí empieza la conocida “fragmentación”. Nuestro cuerpo físico y nuestra alma sienten dolor, manipulación, abuso, angustia, enojo, tristeza y lo expresa muchas veces a través de desequilibrios que llamamos enfermedad. Tendemos a explicar los desequilibrios en función de las condiciones externas tales como “fue un virus que se contagió en el colegio”, “es el frio”, “está cansado”, “no lo vacune”, etcétera. Sin embargo, amen de que existe una condición externa desencadenante de la enfermedad, SIEMPRE habrá un medio interno que le provea de campo fértil para crecer, y a eso le podemos llamar desequilibrio físico-emocional-espiritual. Y el desequilibrio no es sólo físico aunque casi siempre va acompañado del mismo. A veces podemos desarrollar fobias o miedos ante situaciones que nos generaron dolor. Esas fobias conviven en nosotros protegiéndonos de sentir nuevamente el dolor que sentimos alguna vez. ¿Dejaremos de sentir ese dolor? Depende, si nos habilitan el lenguaje y la experiencia hoy de revivir el dolor, llorarlo, o sentirlo como nos sea amoroso, sí, claro que si. El dolor que se siente pasa, el que no se convierte en sufrimiento, queda enquistado en alguna parte de nuestro ser unido a la experiencia traumática que lo genero y no esta disponible conscientemente.

¡Cuánto podemos ayudar a nuestros hijos a que no guarden dolores, a que puedan registrar, sentir, doler y aprender de todo esto con amor! Y nosotros los adultos, podemos revisar nuestros desequilibrios y buscar ayuda para nombrar aquello que no fue nombrados, revivir la experiencia que quedo anquilosada en algún lugar de nuestro cuerpo y alma y a actuar como un ser integro, completo e inclusivo de todas nuestras partes.

Nombremos para un aprendizaje y crecimiento en plenitud de nuestros hijos y un re-aprendizaje e integración en nosotros mismos.

Los invito a nombrar con REAL empatía (frenemos los peros, pongámonos en el lugar del que esta “doliendo”…) por nuestros hijos y nosotros mismos.

Con amor y gratitud,
Denise Dziwak

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  1. Miguel

    Buenos dias.
    Encuentro sentido a parar los peros, pero porque no lo leí antes?, me hubiera ahorrado miles de cosas a que ponerles nombre ahora.

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    • Alejandro Juroczko

      Hola Miguel… gracias por comentar el articulo.
      Respecto de «¿porque no lo lei antes?»…. me arriesgo a responderte que TODO ES PERFECTO y por ende, lo que atravesaste es porque tenía que ser asi, y ahora estas preparado para lo nuevo.
      Alejandro

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  2. Fernanda

    Que buena herramienta para quienes desconocen y para quienes conocemos del tema, Las mellas que hacemos en nuestros hijos con cosas «nuestras». Dejarlos Ser..
    Es bueno leer artículos como este para refrescar la conciencia.
    Un placer leerte Denise.

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    • 40Q

      Que bueno que te haya resultado interesante Fernanda de eso se trata florecer de compartir experiencias y la aprendizajes que nos ayuden a todos a crecer en conciencia. Nos encantaría conocer tus aprendizajes si quieres compartirlos! Cariños, denise

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