Respuesta fácil: AMOR. Al convertirme en madre prometí a mis hijos amarlos por siempre, algo que no tuve que pensar o forzar sino que surgió de mí con naturalidad apenas los tuve en brazos a cada uno de ellos (y ya son 3!).

Prometer amarlos no es lo mismo que prometerles sentirse amados, ya que esto último escapa de mi control. Mis hijos sentirán o no mi amor en la medida que lo que les doy sea lo que y cuando lo necesitan: valoración, mirada, contacto, cuidado, protección, empatía, nutrición, mimos, diversión, y tantas otras cosas que pueden necesitar para su bienestar. Deviene la pregunta: ¿cómo sé cuando necesitan qué? Ante esta pequeña GRAN pregunta comencé una búsqueda entre herramientas, consejos, libros, de cómo conectarme con sus necesidades desde que nacen. Resumo lo que encontré para quien pueda utilizarlo con sus propios hijos, o por qué no consigo mismo:

  • Ningún libro (maestro, terapeuta, etc) enseña cómo amar a mi hijo
  • La respuesta está en mí
  • Sólo puedo conectarme con lo que a él le pasa cuando me conecto con lo que a mi me pasa.
  • Para saber lo que siento, parece obvio pero no lo es, tengo que permitirme SENTIR. Sentir TODO, lo lindo, feo, bueno, malo, y no categorizarlo ni juzgarlo de ninguna manera, sino simplemente escucharlo.
  • Escuchar significa indagar SIN buscar nada más que conocer, comprender, amar. Es decir: no escucho para ayudar al otro, o a mi, a salir de la emoción que lo atraviesa, sino solo para conocerla y comprender sus razones.
  • Una vez que escuché puedo entender y darle lo que realmente necesita.

 

Una maestra me dijo ante el llanto de mi hijo: “¿Vos cómo estás?”, en vez de preguntarme como estaba él, primero me encaro a mí y esa fue la respuesta: yo descubrí que no estaba dándome lo que yo necesitaba y por ende mi hijo lloraba, como diciéndome que escuchara mejor… ¿a quién? A él, a mí. Esa es la clave, cada vez que alguno de mis hijos necesitan algo primero me pregunto qué me pasa a mi con lo que le pasa al otro y si estoy disponible y con ganas de conectarme con eso o no, porque vamos a ser sinceros, muchas veces NO estoy disponible. A mi me resulta muy difícil poner ese cartel: “no disponible, pase más tarde” y con mis hijos más aun porque “creo” que es mi responsabilidad estar SIEMPRE disponible…bueno esa idea no resulta muy amorosa que digamos ni para mi y por ende menos para ellos. Si me sincero y digo que no estoy disponible y pido ayuda o postergo el tema, cuando sí lo esté podré encararlo con mucho más amor. Sino, estaré juntando bronca conmigo misma por hacer algo que no quería en primer lugar.

Voy a un caso extremo: bebé de un mes que llora, tarde en la noche, habiendo estado en brazos por varias horas ya, yo sola sin nadie a quien pedir ayuda, ¿qué puedo hacer? Lo que dije antes: preguntarme como me siento, y en cuanto lo hago me largo a llorar de cansancio, impotencia, frustración, inmediatamente paro de pasearlo por todos lado, me siento en la cama, con él aúpa, me relajo después de mi llanto y…no pasan dos minutos que se calma…¿MAGIA? Yo lo llamo: el poder de la conexión interna.

 

Los invito a probar este poder que da conectarse con lo que sienten, lo que les pasa y registrarlo antes de atender las necesidades del otro. Y cuando atiendan las necesidades del otro (previo haber atendido las suyas) lo pueden hacer con tranquilidad, ganas, disposición para estar presente ni querer transformar lo que le pasa al otro sino asistirlo con su ESCUCHA.

 

 

Pronto comenzaremos un Taller Online de Maternidad Creativa, las invito a participar y compartir experiencias!

Mas info en: http://www.florecerdelalma.com/talleres/maternidad-creativa/

 

 

Con amor y gratitud,

 

Denise Dziwak

 

 

Compartir

Tu comentario nos interesa...

Tu aporte a través de consultas y sugerencias nos enriquece y es valorado también por el resto de los lectores. ¡Muchas gracias!

Deja tu comentario