Un poco de historia pre declaración…

Soy Denise y, como diría Teilhard de Chardin, “soy un ser espiritual viviendo una experiencia humana”. Transcurrí mi niñez en compañía de mis padres Al y Lauri y Sigrid, mi hermana menor en Buenos Aires, Argentina. Estudié en un colegio bilingüe, Victoria College, y a la vez me instruí charlando cada vez que podía con personas mayores (abuelos, abuelas tanto de sangre como “postizos”). Siempre quise conocer la historia de la humanidad, su origen y propósito, tal vez buscando ya el mío desde entonces.

Luego del colegio, estudié y gradué como ingeniera industrial del ITBA (Instituto Tecnológico de Buenos Aires), carrera que elegí porque quería ser un poco como Da Vinci y poder “crear para resolver problemas, o mejor dicho, cuestionamientos humanos”.

Con 20 años ingresé al mundo corporativo trabajando en Marketing para Procter & Gamble. En ese mundo conocí a mi actual esposo, Roman, del cual me enamoré y con el que estamos juntos del Mayo 2000 y oficializamos nuestra unión casándonos en Agosto 2005. Viví casi 8 años fuera de Argentina, en Venezuela, Guatemala y Panamá, tiempo en el cual hice maravillosas amistades, conocí esos países y sus culturas así como también tuve oportunidad de viajar por el resto del mundo gracias a mi trabajo y mi pasión, compartida con mi esposo, de conocer lugares y personas. En el trabajo aprendí mucho de quien era yo, sintiéndome como pez en el agua ante la posibilidad de conocer gente, y con esto crear vínculos, redes que nos permitieran aprender unos de otros. Me fascinaba resolver problemas o dilemas de manera creativa y me especialicé en manejo de grupos y creatividad aplicada al negocio. También amaba enseñar y tuve la oportunidad de hacerme cargo de las capacitaciones de marketing en Latinoamérica lo que me permitía seguir viajando, conociendo gente y aprendiendo sobre pedagogía en adultos.

Eso fue mi vida hasta que en Diciembre 2007, cuando en un retiro espiritual de sanación, declaré: “quiero se madre”. Hacía un año que no quedaba embarazada tras una operación para sacar 30 quistes de mis ovarios, lo cual me hablaba de algo irresuelto en cuestión de ser madre y manifestar la energía femenina en todo su potencial. Fue mágico como, a través de la guía de mi terapeuta y maestra logré ponerle nombre a lo que me impedía concebir que resumo como “miedo a dejar de ser yo”. En esos 7 días de retiro supe que se abría un nuevo camino de aprendizaje y sanación, y poco más de un mes después concebimos a Valentina, que nació en Octubre 2008.  Mi camino de aprendizaje espiritual, fue mano a mano de la maternidad, permitiéndome conectar con quien yo era más allá de las etiquetas y protecciones que había construido en mi vida hasta entonces.

Con Valen bebé descubrí otros dones tales como poder sanar energéticamente, percibir energías sutiles y conectarme con aspectos de mayor conciencia (hablar con el alma y el espíritu) incluyendo seres de luz que nos guían como ángeles y maestros ascendidos. Empecé a “atender” en lo que llamé “terapia con ángeles” y eso me llevó a buscar capacitarme en poder conversar con las personas que atendía para que pudieran aprender y transformarse en base a la conexión interna que lograban en la sesión.

Mientras iba a la plaza a la mañana, estudiaba de noche y así me gradué como Coach Ontológico.  La intención del Coach Ontológico, palabra que tiene que ver con estar centrado en el Ser, es liderar un contexto de aprendizaje para acompañar a otro en conseguir aquello que quiere en su vida, mientras renueva su visión del mundo para que eso pueda ser posible. Muchas veces en ese proceso también rediseña lo que quiere porque se conoce más a sí mismo.

A través de esta disciplina y otras que fui agregando a la “caja de herramientas”

tales como la sanación energética y el touch for health, comencé a trabajar como lo que denominé coach espiritual, o terapeuta espiritual, porque mi foco siempre fue el de conectar con el espíritu desde el cual, como decía V. Frankl, podemos trascender la forma y encontrar el sentido de nuestra existencia.

Hace poco, y en gran parte, gracias al nacimiento de mi segundo hija, Sofía, pude llegar a otro escalón evolutivo gracias a que integré mucho del aprendizaje de devenir madre en mi ser y puedo comenzar a compartir ese aprendizaje con otros a la vez que me sigo nutriendo y aprendiendo.

Hoy sigo siendo la niña que quiere crear soluciones a cuestionamientos humanos, con la visión de crear una nueva conciencia de que es ser madre. Hago todo lo que disfruto: conozco nuevas personas, aprendo de ellas, las ayudo a través de proceso de conexión y sanación, creo y formo parte de redes de aprendizaje y sostén, estudio mucho y por sobretodo me dejo guiar por mi Ser interno que me dice qué, cómo, cuándo y dónde y eso me permite transitar el camino en paz, acompañándome a cada paso con amor.

Soy la que Soy y Esta Soy Yo.

Con amor y gratitud,

Den

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