dsc2694Esta expresiones son muy comunes para describir esos estados en los que nos dejamos llevar por alguna emoción como el enojo y reaccionamos de “mala manera” (agresivamente) ante lo que nos rodea. Algunas reacciones físicas que al menos a mí me han salido en estas ocasiones son gritar, agarrar a alguien fuerte, golpear una pared o cosa cercana, tirar algo con fuerza, o una de las peores contenerme y entrar en un estado de tensión interna grandísimo y diría incontenible por mucho tiempo. Son segundos más tarde, luego de reaccionar con violencia o contenernos que nos entra otra emoción que sólo suele empeorar nuestro estado general: la culpa. La culpa es un enojo dirigido hacia nosotros mismos, en este caso porque juzgamos que nuestro comportamiento no fue adecuado y que no debimos haberlo hecho.

Antes de pasar a cómo salir o resolver quisiera contarles un poco sobre qué pasa en nosotros que detona estos comportamientos. Cuando digo “detona” pareciera que es algo automático y lo es en cuanto a lo que pasa en nuestro cuerpo, pero lo que hacemos con lo que pasa en nuestro cuerpo es una elección, más o menos consciente, que viene después de apretar el botón de la bomba interna.

Lo que nos pasa por dentro es que nuestro sistema más primitivo a nivel cerebral, llamado cerebro reptiliano, y en especial la amígdala recibe un estimulo ante una posible amenaza en nuestro entorno. Por eso, la emoción detonadora no es el enojo, esa es más bien la forma de “defenderme” antes esta otra emoción que nos cuesta mucho más: el MIEDO. Es el miedo lo que dispara que nuestro cerebro se enfoque en el centro reptiliano, la amígdala y comience a pedirle a nuestro cuerpo que se prepare para enfrentar el peligro: nuestra sangre fluye a nuestros miembros dejando poco para el cerebro, nuestra respiración se agita y se hace más corta y pasamos a estar en un estado de alerta, atención y foco intenso. Justamente la neocorteza (la parte más externa y evolucionada del cerebro) encargada de administrar las emociones queda inutilizada. Tenemos tres opciones en este estado: alejarme del peligro corriendo, enfrentarlo con fuerzas o paralizarme para ver si el peligro pasa sin percibirme. Esto está bien si el peligro es REAL, pero muy pocas veces lo es en nuestra vida diaria.

Sin ir más lejos, antes de escribir este post, escuche a mis hijas que están de vacaciones peleando y gritando. Decidí intervenir para ponerle fin (primer error, cuando había dejado a alguien a cargo cuidándolas…) y dije “basta” y cuando la cuidadora me dijo que la más grande había hecho algo mal, rebaso mi vaso de paciencia, mi mente decía “ah no esto ya es demasiado, aca lo le pongo fin”. Y así ”o hice le agarre fuerte el brazo y le dije que le pide disculpa y que se quede en su cuarto sin molestar a su hermana por que sino no vendría la amiga de ella a jugar. Fue increíble verme a mí desde afuera y su cara, que por suerte no se lo tomo personal, más bien me vio y se sonreía con los ojos abiertos como diciendo “qué le pasa a esta loca”, y la verdad que yo me hubiera mirado igual: ¿qué me pasaba? Miedo, eso pasaba. Miedo que no pudiera dedicarme a mi trabajo porque esto continuara así toda la mañana (acá ya ven el primero error conceptual de mi mente: proyecto sin fundamento a TODA la mañana algo que paso puntual en un momento). Además creía que ya había dedicado suficiente a atenderlas a ellas y a mi hijo por 3 hs como para que ahora si pudiera yo dedicarme a algo distinto. Esta creencia lo que hacia era solamente echar más leña al fuego porque además yo ELEGÍ dedicarle 3 horas porque quería, nadie me obligó a nada, y ahora lo sacaba como un arma de victimización. En fin, la locura de mi mente llegó a poco porque tuve la conciencia para distanciarme de la situación antes de causar más daño o hacer una locura. Saqué mi enojo gritando con un almohadón y me escuché y razoné, cosa que fue rapidísimo porque la sobre reacción mía se debió a esa hipótesis sobre perder mi “libertad” que era totalmente infundada. Una pregunta clave ante el enojo fue:¿Qué estoy haciendo o diciéndome que me provoca este enojo? Ahí descubrí el camino de salida, me hice cargo y desarme lo que yo había hecho para producirme el enojo: forzarme a hacerme cargo de una situación que podía ser resuelta sin mí. Por otro lado me pregunte: ¿Si no estuviera haciendo esto que no me hace bien, qué estaría haciendo? Quería entender cual era el costo de oportunidad de reaccionar así. Esa respuesta, que fue “escribir”, fue lo mejor porque me orientó en el presente a lo que realmente mi alma deseaba y pedía. Finalmente, una vez tranquila chequee con mi culpa y vi que desaparecería si me ocupaba de mí y luego más tarde pedía disculpas por la forma de reaccionar y compensaba con algún gesto lindo a quien había agredido. Ya para terminar me pregunté ¿qué aprendí que pueda usar para que la próxima sea distinto? Me di cuenta que no hacía falta intervenir, y que antes de hacerlo la próxima voy a evaluar si es necesario y si lo hago, lo haré porque creo que es lo mejor para mí y para los demás implicados y no “en automático”. Claramente en temas de conciencia el piloto automático no ayuda y requerimos revisar esas reacciones para cambiarlas por otras más productivas.

Es cierto que nuestro sistemas reptiliano se gatilla al toque ante el miedo, pero también es cierto que podemos darnos cuenta, parar, alejarnos de la situación conflictiva, respirar 6 veces y chequear lo que es mejor. Y si no lo hicimos porque no nos salió, podemos recapacitar, también sacarnos del lugar del conflicto y ver que nos está enojando de nosotros mismos (ya que SIEMPRE que nos enojamos con otros es un reflejo de nuestro propio enojo interno) y hacernos cargo cuidándonos y dándonos lo que necesitamos. También podemos pedir perdón y reparar lo que hayamos dañado, en ese momento o en otro posterior según lo que sea posible y mejor en cada situación.

Por sobretodo lo que necesitamos es compasión y amor con nosotros mismos y aprender de esta experiencia para aplicarlo a un futuro y seguir creciendo en conciencia. Así tendremos siempre más paz, amor y felicidad en nuestras vidas. Ya no queda en mi rastros de miedo, ni de enojo ni de cukpa, sólo un agradecimiento, amor y paz que me hacen sonreir por lo hermosa que es mi vida y cuan feliz soy de vivirla así con plenitud.

Los invito a que construyan una vida llena de felicidad y plenitud trayendo atención consciente a esos momentos de intensidad emocional, de enojos y miedos para elaborarlos y superarlos aprendiendo de que manera pueden honrar más su vida y la de sus más cercanos, en especial nuestros hijos que aprenderán de nosotros en cada una de nuestras interacciones con ellos.

Con amor y gratitud,

Denise

 

 

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Denise Dziwak, trabaja como Life & Conscious Business Coach y es una conferencista inspiradora. Acogedora, creativa, desafía el status quo y está totalmente comprometida con crear UNIDAD, PAZ y AMOR en el mundo. Para eso ayuda a otros a encontrar un camino de crecimiento en conciencia que les permita vivir vidas felices, plenos y llenos de sentido. Trabaja con una variedad de herramientas como terapia de niño interno (inner bonding), coaching ontológico y de la empresa consciente, PNL, meditación, Touch for Health para crear una conexión interior más fuerte y un aumento de la felicidad y bienestar.

Es fundadora y co-directora de Florecer del Alma, un espacio para Crecer en Para pedirle ayuda, escribe a denise@florecerdelalma.com. Su biografía completa AQUI.

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  1. Gabriela

    Gracias Denisse, me re sirvió el artículo y voy a aplicar lo que escribiste con mis hijas. Espero podamos vernos pronto!

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  2. MIRIAM

    Tengo dos hijos uno de 3 y otro de 6 años. El de 3 tiene un fuerte temperamento. Siempre tien que ser lo que él diga. Hay gente que me dice que es problema de la edad, pero es así desde bien pequeño.
    A mi me enfada mucho su actitud. Sobretodo cuando al discutir con él me pega. Me da mucha rabia.
    He llegado a la conclusión de que la vida me ha traido esto para que aprenda, pero la verdad esque no sé ver el qué debo de aprender.
    También cuando me enfado y sobretodo me pega yo actuo de la misma manera. Le doy en la mano o un cachete (cosa que me sabe mal), pero es un acto insconsciente.
    Seguiré buscando aquello de lo que debo aprender con esto. Muchas gracias por todo

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    • Denise Dziwak

      Miriam,
      Puedo comprender tu enojo cuando tu hijo transgrede una y otra vez lo límites no solo verbales sino tambien físicos al pegarte. Creo que no hay nada peor que la violencia, tanto recibida como emitida, por eso también leo de tu mensaje y honro tu deseo de querer modificar tu conducta para poder poner un límite con amor.
      Desde lo que leo puedo ofrecerte algunas ideas para que pruebes: poner límites a tiempo evita desbordes y enojos desmedidos (de parte del niño y del adulto), esto quiere decir “no dejes pasar lo que parezca pequeño porque luego crecerá y será más dificil de contener”. Por ejemplo si tu hijo dice que no quiere comer la comida y tu le dice que eso es lo único que hay ahora y el acto seguido tira el plato al piso o grita, pega, etc, puedes reconocerle su enojo: “me parece que te enoja que no haya lo que quieres” y acto seguido pones el limite con palabra y cuerpo con amor: “en casa no tiramos los platos cuando nos enojamos, eso no está bien pero si podemos mostrar que estamos enojados hablando o si es mucho,ven que te muestro”, lo sacas se van al cuarto o living y tiras almohadones al suelo o le pegas a la cama o gritas si te parece bien gritar en el cuarto (yo solia subir a la azotea pero luego incorpore la posibilidad de gritar para desahogar dentro tambien solo que no molestando a otros). otra idea es ofrecerle papel de diario y muestrale como lo puede romper con las manos para mostrar cuando enojado esta hasta que el enojo pase…. Ahora si él te epga y al decirle que no lo haga más sigue, necesitás alejarlo de tí, o alejarte tu, lo mismo que harías con tu hijo si tuviera 20 y te pegara. No creo que en ese caso te surgiera devolversela… por eso es bueno comenzar desde pequeños con otras opciones. Si te pega te alejas o le dice que no puede pegarte, le ofrecer descargar su enojo con otra cosa (alnohada, papel, cama, grito).
      Te recomiendo leer estos posts donde toque estos temas para mas ideas: http://www.florecerdelalma.com/enojo-y-limites-alguna-relacion/
      http://www.florecerdelalma.com/enojos/

      Si tu estás MUY enojada, SEPARATE de la situacion, vete, respira al menos 10 veces profundo, mira que es lo que te enoja (de tu hijo pero más bien de tí, que estas haciendo o no haciendo que te lleva a esa situación). Piensa que podrías hacer que este en integridad con tus valores (amor, respeto, paz, etc) para hacerte cargo de ese enojo sin descargarlo sobre tu hijo. Luego con un plan, VUELVE y aplicalo y ve como te va. Si puedes al irte di: “Ahora estoy muy enoja asi que me voy a ir a ver que me pasa y cuando este lista volvere”. No esta mal que te vean manejar tus enojos porque aprenderan de tu ejemplo!
      De a poco podras ir aprendiendo y tu hijo tambien y ya no estaran peleando por quien tiene la razon o el mando.
      Un GRAN libro para ayudarte es de Maritchu Seitun de Chas: “Criando Hijos Motivados, Seguros y Confiados).

      Bendiciones para ti y tu familia! 🙂
      Denise

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      • MIRIAM

        mil gracias por tu respuesta!
        Tendré muy en cuenta lo que me dices.
        Un abrazo fuerte
        Miriam

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  3. Olecram

    No estoy para nada de acuerdo con el comentario. Cuando “me salta la térmica”, son ocasiones raras, cargadas de enorme tensión que me provoca expresar lo que siento desde adentro hacia afuera, hacia otro/s al que mi nivel de tolerancia llegó al máximo, no siento ni remordimiento ni culpa. Me siento libre de haberme sacado de encima una “mochila” muy pesada.

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