Hace más de cuatro años que Valentina, mi hija mayor nos pide que le compremos una mascota. Hasta hace poco era un perro y era fanática de ellos, compraba todo libro sobre los perros, las diferentes razas, nos explicaba y contaba, y nos volvía a pedir. Tal vez por eso a los 3 años nos dijo que quería ser veterinaria cuando fuera grande, estaba expresando su amor por los animalitos.

En mi caso, amo a los animales, pero con 3 hijos pequeños aún no creía que fuera posible para mi cuidar de una mascota, y tampoco para mi esposo, por lo cual estábamos de acuerdo. Fui muy creativa y le ofrecí apadrinar una mascota, para “practicar” con la mascota de otro, cuidarla, pasearla, etcétera, pero no resultó, parece que no era lo mismo, o no fue tan fácil de ejecutar. Mientras Valen crecía e íbamos viendo que era más capaz de cuidar a otro ser vivo que antes. Hace poco pensamos en cambiar de tipo de mascota, y fue entonces donde surgió la idea de un gato. A mi no me habían gustado de chica pero no por una experiencia concreta sino mas bien por lo que escuchaba de mis padres. Sin embargo tenia ejemplos como el de mi abuela, que daba de comer a todo animal que tenia cerca, desde los gatos del techo vecino, los pajaritos que se posaban en el cable de luz que pasaba por su terraza y por supuesto su perro y cualquiera que se le acercase. Todos eran bienvenidos en esa casa.

Cuando con Valen y mi esposo pensamos en un gato dijimos “probemos”. Al principio le pedimos a Valen que elija cual era el mejor gato para nuestra familia y ella hizo un estudio a detalle de razas y opciones disponibles. Cotejamos los datos y estaba claro que había una raza mejor que el resto para nosotros: Birman. Nos pusimos a buscar y no había ni un gato de ese tipo en donde vivimos, ni siquiera en todo el país. Finalmente encontramos uno en una provincia, que supuestamente podríamos traer a la capital. Ya casi sentíamos al gato en casa, que era macho, ya que según nos habían dicho los machos querían mas a las mujeres y como Valen quería que fuera suyo, quería que la quisiera. Movimos cielo y tierra, compramos la casita su comida, la arena especial y esperamos la confirmación de la entrega. El gato preciado nunca llegó.

Llanto, desilusión, reclamos de Valentina y nosotros nos preguntamos: ¿Qué hacemos? No sé como, aunque creo que tal vez la experiencia de adopción de un perro de la calle por parte de una familia amiga, nos abrió la puerta a explorar…

¿Y si adoptamos?.

Yo me la paso hablando de lo hermoso que sería adoptar, un hijo algún día, me parece un acto de amor y necesidad muy grande para este mundo lleno de niños sin padres, pero con el gato, ¿lo buscaba de raza? Que incongruencia! Cuando me di cuenta, le dije a mi esposo y el no sé por que ni como aceptó.

En cuanto estuvimos de acuerdo no paso ni un segundo y le dije a Valen que conseguiríamos al gato. El día de la promesa era domingo y creí que era prudente ir a buscarlo. Me habían dicho de un parque donde había muchos y los donaban. Fui al parque con una cajita de plancha vacía, dispuesta a volverme con un gato.

Llegué al parque y el stand de donación estaba cerrado. Había miles de gatos y Valen me dice “ese mami, mira que lindo”. Nos acercamos y parecía bien adulto, pero bueno, era un poco mas pequeño que los otros, y me dispuse a agarrarlo. Claro en la caja no cabía, ahora me rio de mí. Agarré el abrigo de valen y lo quise envolver, se me escapaba, no había manera. Intente con otro gato, y lo mismo. En un momento, cuando estaba en la labor de envolver otro gato más aun, levanto la mirada y veo que un turista estaba sacándome una foto. ¡Esa fue la señal! Me reí de mí y dije ¿Qué hago cazando gatos salvajes en un parque? Estoy loca, pero no tanto, retomé mi cordura y pedí al universo: por favor ayúdennos a conseguir un gato y le dije a Valen que nos volvíamos a casa. Llantos, reclamos, “me prometiste”,… “Entiendo tu tristeza hijita, yo también estoy triste, hice lo que pude y no lo logré, pero ya vamos a conseguir, solo que no fue esta vez”. Ella siguió llorando y yo la acompañe hasta que llegando a la casa y devolviendo la caja de plancha que de nada funciono veo un mensaje de una gran amiga que me da un dato de un albergue de gatos en adopción. “Es hoy o nunca” me dije y le pedí a mi esposo que fuera con Valen a buscar el gato.

Resultado: volvieron felices con una gata,13996082_10157278815480023_6717540259057619769_o hembra, de colores marrones atigradas, con ojos verdes muy suave a la que llamaron Nala, como la novia del Rey león, Simba. Era perfecta, cariñosa, limpia, se adaptó rapidísimo y nos acariciaba con todo su cuerpo contorneándose de lado a lado.

Moraleja de la historia: ni perro, ni gato, ni macho, ni de raza, ni en el apuro, ni a la fuerza, llegó la mascota perfecta, la que necesitaba amor y estaba lista para incorporarse a la familia.

No tiene precio ver a mi hija tan feliz y actuando de “mamá”, cuidando a su gata, limpiando su espacio en las mañanas antes de irse al colegio, ordenando sus cosas y durmiendo junto a ella por las noches.

Cuanto más nos cerramos a una idea o concepto menos abiertos estamos a que la vida nos proponga opciones mejores para nosotros. En tema de dar amor ¿por qué una raza o ADN es más importante que otro? Todos somos dignos y valiosos para recibir amor y ojalá muchos podamos abrir nuestros corazones a esos seres que nos necesitan.

Que gran enseñanza tuvimos gracias al deseo de nuestra hija, que siempre muy intuitiva sabía lo que todos necesitábamos, y sobretodo ella, una compañía a quien cuidar, dar y recibir amor.

¿Ustedes que opinan de la razas? ¿Hay quienes merecen nuestro amor y quienes no? Los invito a observar como se relacionan con los otros que son distintos, si les piden que cumplan con cierto pedigree (concuerden con ciertas ideas por ejemplo) para aceptarlos en sus vidas.

Con amor y gratitud,

Denise

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Denise Dziwak, trabaja como Life & Spiritual Coach y es una conferencista inspiradora. Acogedora, creativa, desafía el status quo y está totalmente comprometida con crear UNIDAD, PAZ y AMOR en el mundo. Para eso ayuda a otros a encontrar un camino de crecimiento en conciencia que les permita vivir vidas felices, plenos y llenos de sentido. Trabaja con una variedad de herramientas como terapia de niño interno (inner bonding), coaching ontológico, PNL, meditación, Touch for Health para crear una conexión interior más fuerte y un aumento de la felicidad y bienestar.

Es fundadora y co-directora de Florecer del Alma, un espacio para Crecer en Para contactarla, escribir a denise@florecerdelalma.com. Su biografía completa AQUI.

Si quieres trabajar temas personales para habilitarte a vivir con mayor plenitud y conciencia no dudes en pedirnos una sesión individual para que te acompañemos.

 

Este artículo fue re publicado en EL COMERCIO, sección mascotas! Léanlo AQUI

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  1. Gloria Madrid

    Gracias Denise por invitar a los demás a adoptar!
    Felicidades a Valentina por demostrar el amor hacia Nala

    Responder
    • Denise Dziwak

      Gloria gracias por tu comentario de verdad es facil amar a una gata como NAla que nos da tanto amor incondicional ! Nos enseña que así es el amor real cuando no le hacemos caso a los pensamientos que nos distancian unos de otros ! Cariños Denise

      Responder

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