Hace poco escribí sobre el poder de la tribu y creo que sigo por ese camino con este post: valorando el poder de la compañía, de los vínculos, y especialmente de aquellos más cercanos.

¿Cuál es tu vínculo o relación más cercana?

En mi caso es mi esposo, con quien siento que somos un equipo, amigos, amantes, compañeros de trabajo y de aventuras. Por un lado, trabajamos juntos para la familia, en coordinar cosas de los chicos, de la casa, de lo que es mejor para todos, en revisar cómo están los miembros de nuestra «empresa» (¡nuestros hijos!) y darles lo que necesitan para seguir desarrollándose en su máximo potencial. Tenemos roles distintos y complementarios aunque muchas veces él puede hacer mi trabajo si yo falto y yo el de él. Claro que no es muy cómodo o sencillo pero sí nos hemos comprometido a “cubrirnos” cuando lo consideramos necesario. Y esto último lo hacemos por elección y cómo protagonistas y no porque “no queda otra” o como víctimas. A veces en esos casos donde prevemos que alguno no estará disponible, antes de que ocurra nos ponemos de acuerdo en expectativas y formas, y si es sorpresivo igual lo hacemos y aceptamos que cada uno tendrá su forma de hacer las cosas y que está haciendo lo mejor posible a cada minuto.11148554_10155917921160023_7641914832351726006_n

Muchas veces escucho a madres diciendo que sus esposos no saben hacer las cosas tan bien como ellas y que mejor ya no le piden ayuda o se enojan cuando lo hacen “mal”. Esto las deja sintiéndose solas y agobiadas muchas veces por lo que se hacen cargo y hasta enojadas. Yo les pregunto si probaron, en primer lugar, pedir ayuda, en segundo lugar, aclarar que significa la ayuda y en tercer lugar aceptar la oferta del otro como viene, aunque no sea exactamente lo que les pidieron. A través de mi experiencia y de otras madres he comprobado que desde el amor siempre queremos ayudar al otro, cómo podemos, no necesariamente cómo nos pidieron, y que si el otro es abierto y flexible y nos acepta tal cual somos, podemos seguir ofreciendo más ayuda y colaborando cada vez más. En el caso de los hijos, tal vez el papá no les lave bien el champú, o se olvide de ponerles la crema anti paspaduras al cambiarle el pañal, o los deja acostarse más tarde o comer algo que nosotras no le daríamos, etc. ¿Tan terrible es eso como para no dejarnos ayudar o mejor dicho amar por nuestro compañero/a?

Por otro lado además de lo que considero “trabajo” de padres o amos de casa (en casa somos dos, cada uno con sus roles como les dije) están el romance, el compañerismo y la posibilidad de vivir aventuras juntos.

Yo agradezco cuando de pronto mi esposo sin que yo le pida nada me ofrezca acompañarme a una charla que es muy importante para mí y para la cual me preparé mucho. Cuando me lo propuso me sorprendió y claro que acepté y no necesitaba que estuviera pero si disfruté mucho sentirme acompañada. ¿Se acuerdan el primer día de clases? Era lindo ir a de la mano de mamá, papá o un hermano mayor y que no nos suelten hasta que nosotros estuviéramos listos. Esto es lo mismo, muchas veces en nuestras profesiones tenemos esa sensación de “primer día de clases” y la compañía de quien nos ama es inigualable.

Así también yo lo acompaño a él y estoy disponible para escucharlo cuando está mal con algo de su trabajo o vida profesional. También estoy para compartir alegrías y reconocimiento por el aprendizaje recorrido a cada instante.

¿Cuándo fue la última vez que viviste alguna aventura junto a tu vínculo más cercano?

Con esta pregunta me rio porque diría que la aventura más grande fue la de tener hijos, cada uno de ellos tres, nos lanzó a un camino de aprendizaje y crecimiento fabuloso a nivel personal y como pareja. Testeamos nuestros límites físicos y psíquicos hasta el punto de necesitar ayuda externa y trabajo personal para aprender y re-armarnos para poder seguir. Además nuestros viajes y mudanzas fueron siempre una aventura y lo siguen siendo. Descubrir nuevos mundos, culturas y desenvolvernos en ámbitos distintos a los usuales nos llena de entusiasmo y felicidad. Hay momento difíciles en todas nuestras aventuras donde tal vez nos sentimos perdidos, con miedo o tristeza y más que nunca es tan bueno estar juntos, porque después de la posible discusión o enojo que tapaba esos sentimientos profundos, pudimos acompañarnos en el dolor también.

¿Se dieron cuenta cuánto influimos y nos influyen nuestros vínculos?

Yo creo que esto es grandioso, porque esto se refiere a que construimos juntos una historia, en equipo en COMUN-UNIÓN. No es que yo hago mi castillo de arena como quiero y él el suyo, sino que armamos uno juntos, y no lo hacemos doblegando al otro o manipulándolo para convencerlo de nada. Hablamos de nuestras diferencias desde la conexión con nuestro interés profundo. Si queremos algo de una forma, explicamos para qué, y como nos sentimos al respecto. Esto nos ayuda a empatizar, abrirnos a nuestras vulnerabilidad y poder elegir el mejor camino juntos.

¿Cuándo fue la última vez que exploraron el punto de vista del otro con apertura y ganas de aprender? Sin resistirse o protegerse (enojándose, juzgando, o no escuchando por ejemplo….)

Cada día valoro más lo que he aprendido en mi formación terapéutica, donde ya no me cuesta decir cosas como: “lo que decís me produce miedo y tengo ganas de defenderme cambiando de tema o dejando de hablar, me ayudas a entender qué me pasa con esto?” O al menos si no me doy cuenta en el momento, puedo parar a tiempo para no colapsar en una discusión sin sentido, donde lo único que está en discusión es el miedo y la necesidad de controlar al otro.

Cuando estamos abiertos nos permitimos sentir lo que el otro siente. Nuestras “neuronas espejo” se activan y os mandan señales de lo que el otro siente aunque no lo exprese. A veces esto nos incomoda, pero entonces ¿qué mejor que decirlo y sacarlo a la luz en vez de guardarnos la incomodidad?

Yo usé el ejemplo de mi pareja, pero esto puede pasarte con amigos, padres, hermanos, hijos y que maravillosa es esta vida en la que podemos descubrirnos, aprender y crecer junto a los otros que amamos y nos aman.

Los invito a reflexionar sobre sus vínculos más íntimos y re-diseñarlos en a medida que necesiten para poder vivir la UNIDAD y AMOR más grandes que existen. Y por qué no extender esta forma de relacionarnos a todos quienes contactemos.

 

En nuestras manos está el poder de crecer junto a quienes nos aman y quienes amamos.

Con amor y gratitud infinitas,

Denise

 

Denise Dziwak, trabaja como Life & Spiritual coach, utilizando las herramientas del coaching, la meditación y el touch for health para lograr una mayor conexión interior (inner bonding). Pueden ver su pérfil y pedir una sesión con ella en AQUÍ.

Si quieres trabajar temas personales para habilitarte a vivir con mayor plenitud y conciencia no dudes en pedirnos una sesión individual para que te acompañemos.

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