Pregunta ineludible estos días tras el fin de las vacaciones escolares de invierno. Me gusta llevar la pregunta a un lugar profundo, donde puedo tomar conciencia de aquello que aprendí agradecer mucho de lo que fui viviendo y eligiendo.

 

Recuerdo que antes de empezar las vacaciones leí un artículo de Maritchu Seitun donde hablaba de no hacer tantos planes ni cargarnos de programas, para los chicos ni para los grandes, momento en el cual dije: “Genial, cero planes”. Tras publicarlo en Facebook, una amiga mamá comentó algo asi como “muy linda teoría pero no me da la psique para tener a los chicos subiéndose a las paredes en casa todo el día”. Esto me hizo re-pensar si no estaba siendo un tanto “idealista” con el “no planes”. No habían aun comenzado las vacaciones y ya tenía la pregunta: ¿planifico salidas, programas, agenda o lo dejo libre a lo que cada día depare? Mi respuesta: ambas situaciones me generaban MUCHO estrés porque me conozco y sé que detesto los ámbitos multitudinarios con gente de vacaciones con miles de chicos; también me aterraba la idea de tener a ambas hijas en casa todos los días, encima frios la mayoria, y yo con ganas de seguir teniendo ciertos espacios para trabajar y por ejemplo… ir a yoga. Me rio de las caras de mis amigas mamás: “vos querés todo?!” Si quiero todo y más, porque sé que se puede, porque creo que es importante que cada uno se conozca y determine lo que es realmente importante en su vida y que es amoroso con uno mismo y por ende con los que lo rodean. Recordé algo que dice Deepak Chopra: “la suerte es cuando se encuentran la oportunidad y la preparación”. Pasé a prepararme, o como decimos en coaching ontológico: a diseñar mi futuro.

Solté la rigidez, los miedos por un futuro aún no vivido y surgieron ideas intermedias: un poco de teatro (2 eventos muy bien seleccionados, ambos gratis y encima a los cuales las llevaron las abuelas, ¡chochas de la vida todas!), mucho juego en casa, algunas pocas y especiales visitas de amigas y finalmente algunas salidas especiales “mama-hijas” para lo cual participamos todas en la planificación. Me pareció importante que antes de decidir yo todo por mis hijas la incluyera en qué quería de sus vacaciones. Hicimos una lista de cosas que nos gustaría hacer, donde les cuento que incluyó desde “ir a volar en globo aerostático” hasta “cantar juntas”, así de variada era. Terminamos haciendo algunas de las ideas, como salir a la peluquería, ir a leer libros a una librería y tomarnos un helado, disfrutándolo mucho porque era justo lo que queríamos. El globo lo dejamos para otro momento (en otra vida tal vez…), pero el no restringir la idea de entrada fue clave para que realmente fuera una propuesta compartida. Hoy pienso que si yo tuviera 5 años hubiera dicho algo parecido y no es tanto el conseguirlo pero habilitarme a soñar es algo que no se pierde aún de grande. Así es como sigo soñando y cumpliendo mis sueños, tal vez no exactamente cómo los soñé pero con la misma satisfacción y sentido de plenitud.

Terminaron las vacaciones sintiendo mucha paz, por habernos cuidado, sin haberme exigido, en mi caso, más allá de mis limitaciones y con mis hijas felices con todo lo que pudieron disfrutar. Agradezco haber sido testigo de la hermosa relación que surgió entre ellas jugando juntas cuando les dimos tiempo y espacio. ¡Cuánto me hizo acordar a los días de mi niñez construyendo casas con sábanas y toallas junto a mi hermanita! Son momentos de mucha creatividad, que fueron eslabones claves en la relación estrecha que hoy tenemos.

Termino pensando que sirvió de mucho el comentario de mi amiga y el no dejarme dirigir ni por la publicidad, ni por lo que dicen que debemos hacer, ni siquiera por la voz de expertos. Lo más importante fue ESCUCHARME y ESCUCHAR a mis hijas con amor y paciencia, dándonos aquello que realmente necesitábamos.

Esta fue mi historia, y quise compartirla porque tal vez les sirva para poder reflexionar sobre su propia vivencia vacacional.

Los invito papás y mamás a revisar: ¿cómo les fue estas vacaciones? ¿Cómo querían vivirlas y como las vivieron? ¿Que harán diferente la próxima para ser más coherentes con lo que realmente les importa? Un cuidado: NO pregunte “qué querían hacer” sino “cómo querían vivirlas”, busquemos, los valores detrás de lo que hacemos, el para qué decidimos hacer lo que hacemos y ahí estarán la paz, la felicidad, la espontaneidad, la libertad, el amor y tantos otros valores que nos mueven hacia una vida plena.

 

Con amor y gratitud,

Denise Dziwak

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